Tantas razones para salir mañana a la calle (15-0)


Foto de Sílvia Comes

Ahora escribe como si le fuera la vida en ello. Desde lo del 15-M, con las noches de asambleas y acampada, comenzó a nutrirse de libros que si antes le hubieran ofrecido, habría denostado con una amable sonrisa. Antes del 15 y de la eme, su tiempo era para el cine, los discos y las novelas donde se paraba a pensar, o simplemente, paraba por pura diversión.
Y su tiempo, básicamente, era para el amor. Amor erótico y amor amigo. Un cuerpo joven es el mejor aliado del deseo, de la vida.
A veces pienso que ha vivido mucho en pocos años. Me refiero a los cambios externos. Del mundo para ella. Del mundo para ellos.
El ánimo socarrón siempre ha estado ahí, lo que dejaba en evidencia cierto escepticismo no exento de una romántica visión de las cosas que no casaban con los afanes soñadores de su madre. Y qué mejor que las diferencias.
A la madre la mató con una espina adolescente. La mujer disimuló un vahído y desde entonces todo les resulta bastante fácil. Antes de matarla (a lo froid, no a lo puñal) siempre la había puesto en cuestión. Ponerlo todo en cuestión. He ahí su deporte preferido. Una gran agilidad para ello y tanta torpeza para otras tantísimas cosas.
Hablo de una muchacha a quién su madre llamó Júlia porque lo había decidido desde mucho antes de concebirla, siendo ella adolescente y después de leer la novela homónima de Ana María Moix, pero con el acento en la u.
Cuando la pequeña cumplió los siete años le preguntó a la jerarca ¿Si te hubiera gustado mucho Núria Feliu me habrías puesto “Alça Manela”?
Claro que sí, así se escribe la historia, le respondió la mayor. Así se escribe la historia, aunque no siempre sabemos cómo se escribe la maldita cosa. A la que hoy mismo transcurre, deshumanizada e injusta, es difícil sonsacarle los párrafos del manuscrito que fijará mañana. Se hace difícil conocer la amplitud del trazo. Solo sabemos que la ortografía es mala, que es mala la sintaxis y es peor la intención.
No sabemos qué será de nuestros padres y no sabemos qué será de nuestros hijos. Nosotros saldremos de esta aunque sea con la guadaña a cuestas, el corazón destrozado o sonriendo ante los colores del alba. Nosotros somos la chicha tonta del bocata, los hermosos vencidos de Leonard Cohen. No hay nada mejor que te adjetiven desde el minuto dos para sublevarte en el tres. Que nos llamen como quieran.
Nuestros chavales cargarán con nuestra conciencia de bobos temerarios (pluralizo para no sentirme sola) siempre buscando la libertad y la poesía que enfada incluso cuando no era moda enfadarse con la poesía, y todos los caminos llegaban al ombligo y al bolsillo.
Por estas razones y otras que no hace falta contar mañana, 15-0, saldré a la calle. Quedaré con amigos para mejor hacer el camino.
La joven también quedará con su gente y llegará de vuelta cuando ya esté acostada. Al día siguiente yo buscaré los diarios por la red y comentaremos la jugada. Y días más tarde se subirá a una barco, se irá de casa a dar la vuelta a lo que les dé el viento a la vela. A contemplar el mundo, a la auto-gestión, al estudio, y a las largas charlas en cubierta con sus compañeros.
En otro tiempo habría intentado disuadirla. Hoy no tengo argumentos para hacerlo. Apenas otra socarronería mía, como que el jipismo ya pasó, y que será de ella en alta mar, sin vestidos de Armani ni maquillaje.
Otros grupos de muchachos como ellos ya les están esperando en muchos puertos.
Volver al mar y escribir. Ponerse a escribir como si le fuera la vida en ello. Ingenuidad y método. Alça Manela! Anda, Manuela! Let’s go Manuela!
¿Y si me hubiera detenido en los discursos de Mario Conde, por decir alguno de los tantos?












1 comentario:

Anónimo dijo...

"Té mama?"