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El preso número 9 en Común



De Thurman, "robado" a Alicia Nuñez



No hace tanto dijimos primavera y ya vamos a decir verano.  Ojalá el domingo pase algo en las urnas y volvamos a poder decir primavera y verano de aquella manera sencilla, como se dicen las cosas de cada día a cada momento, sin tener que consultar las fuentes ni los datos. Que no será orégano todo el monte ni toda la ciudad y habrá que seguir dándole al manubrio, lo sabemos. Somos los mejores en hacer sonar la música. ¿Quién no se sintió identificado alguna vez con el Preso Número 9?
Me he permitido un giro brusco en la redacción porque no concibo la vida sin vida (ni sin muerte)  y mantengo un pulso abierto con la auto critica, el rigor y la gilipollez.
Me explico.  El otro día hablaba por teléfono  con un amigo que trabaja allende los mares y después del que tal andas y todo lo personal, la conversación derivó hacia la violencia de género, lo que hizo que el tipo me espetara, -a propósito del preso de la canción, del desalmado asesino-, una pregunta ¿Deberíamos exigir a Joan Baez que pida perdón público, o lo deberíamos pedir todos los oyentes a la vez?
No soporto la falta de rigor cultural musical. El Preso Número 9 no lo compuso Baez, si no  Roberto Cantoral, el mismo que escribió lo de reloj no marques las horas.
Para contar la reflexión sobre la canción El Preso Número 9 y la identificación que casi todos sentimos para con el asesino de su propia mujer y un amigo de ambos, he entrado hoy a escribir en el blog, pero antes he querido hacer una reflexión (genuflexión, oración) sobre las cosas del pueblo y los votos.
Se equivocó la paloma y nos equivocamos nosotros, aupando al preso de marras a la categoría de héroe. Son este tipo de pequeñeces que alumbran lo grande del camino y despuntan  de las conversaciones entre amigos. Y he venido a plasmarlo.
No pude más que decirle al colega (que no lo es de trabajo) si no de vida, que a mí, el Preso Número 9, el tema musical, nunca me había gustado. Jamás lo he tenido en mi hit parade. Pero esto no me libra de ningún mal. Bien al contrario, lo mío suma desatino  Porque desde que lo escuché de chica sentí una sensación y no me he parado a cambiarla.  Me parecía bien o no me parecía nada que el tipo se cargara a quién quisiera, pero me daba grima que por ello tuviera que buscarse la ruina, que lo llevaran a fusilar, cuando lo más fácil era haber sufrido un rato, -que es lo que le tocaba-, para luego volver a encontrar flores en el jardín y volver a decir primavera, verano y amor.
La paloma se equivocó y nosotros estamos hechos de ruedas de molino. Nos hemos comido muchas y hasta las hemos fabricado. Pero seguir por este camino es irse de cara y a toda prisa contra el muro de la gilipollez, que es lo que trataba de decirle a mi amigo.
Una cosa es ir en busca de cierta coherencia al andar, con la consabida, saludable, auto critica, y otra muy distinta es flagelarse, que es algo que no quiero que ocurra en las urnas y le pasa siempre a la izquierda, un sector político que de momento cunde mas en Matemáticas al hablar de divisiones que en Música al cantar en afinado coro.
Las canciones también tienen la culpa de ello y de haber dado a conocerse hoy en día, Roberto Cantoral estaría detenido por exaltación a la violencia de género y nula resistencia al contratiempo, que es lo que se deduce de su otro gran, conocidísimo tema, El Reloj. Evolución, que bonito nombre tienes.
Estamos a punto de decir verano y hace nada dijimos primavera. Ojalá el domingo nos alcance un rayo de sol, uo, uo uo, y las cosas se vuelvan más amables para dejar de darle al pedal de la reinvención y poder pasar a analizar las canciones que nos hicieron, a hacer cosas de primavera en común.