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Juegos de mesa


Supiste cómo le dolía la vida, pero ya era muy tarde cómo para volver y decirle: "Hola, mira, ya sé de que va lo tuyo, así que volvamos a jugar antes de que las fichas del parchís se vuelvan negras y no puedan andar el camino hasta llegar al cobijo, ni matarse entre sí, ni acoralarse, ni vencer la partida o dejarse ganar."
Hubo alguien que te me animó a hacerlo y no te decidiste. Fueron más los gritos de las brujas de Macbeth, el poder del coro, tu propia canción. Ahora no te queda más remedio que callar y rasgar la melancolía cuando te sobrevenga la impotencia y el recuerdo.
Las cosas pasan y tú no vas a olvidar esta última vez hasta que te sobrevenga otra, lo cuál no es ni fácil ni difícil, pero cada vez más improbable si sigues mirando el mundo cómo Mafalda, cuando el mundo te mira a ti desde la cara B de la pupila de San Juan de la Cruz.
Lo has probado todo; las terapias alternativas, las alternancias de humores y hasta has tirado tus discos de hard rock después de leer un libro que hablaba del poder curativo del agua y quedarte absorta ante una imagen sacada del microscopio que venía a representar los cristalillos en que se convertía el bien de todos (en este caso el agua, que no el hard rock) después de una audición de Led Zeppellin. Estalactitas furiosas cómo para matar virus.
Supiste cómo te dolía la vida cuando te dejó plantada en el andén del metro. Manejó el poder que le concediste. Así es casi siempre, pero en tu caso, -cómo no-, fue más bestia.
Al paso del tiempo fuiste pasando por todas las etapas; aceptación, contricción, preposición, pompón, bolero y cha cha chá. Hay variaciones según personalidad, pero todo eso está escrito y aún así me parecía lícito que te sintieras única porqué el dolor era tuyo, pero no más.
Llegada al punto de saber, cómo dices que sabes, por empatía y fase; cómo le duele a él la vida, y después de decidir que ya no vas a llamar a su puerta (¿Imaginas el horror que supondría ver a todos los amantes de buena fe del mundo convertidos en terapeutas de sus ex?) habrás de pensar en pasar página de una vez por todas o aburrirte de ti misma, mientras el tiempo pasa.
Acumulamos fracasos y victorias, risas y lágrimas, pero sobretodo vamos deshaciéndonos de la energía a cada paso. Cada día que nace te espera para que le des lo suyo, que no es otra cosa que sonsacarle lo que te pertenece. Y por supuesto que es mejor vivir la batalla con alguien que te alivie la contractura de un abrazo o te brinde su hombro para reposar la cabeza. Por supuesto que sí, pero mientras vives buscando al amor cambiándole únicamente el rostro, no reconoces tantísimas otras cosas de la vida que por amor y en el amor (u el odio) se hallan.
Llegada a este punto no me subiré a la silla para dar mayor elocuencia a mi discurso, ni te achicaré con más consejos yermos, ni meteré el dedo en la llaga de tu herida narcicista. Llegada a este punto,-imagino que esto es una conversación entre amigas, no una entrada para el blog o un archivo más en el ordenador-, me iré achicando para no hacer de la reiteración, la nada, pararé el reloj de un golpe y te instaré a cenar: "¿Qué quieres que te prepare?"
Tú dirás que nada y beberás un poco de vino; "No sabes cuanta razón tienes. Se me abierto el apetito."
Yo te diré que no es necesario que me ayudes y pasaré a la cocina a cortar el apio, la lechuga, la zanahoria, y a cortarme en dos, si hiciera falta, en el caso que algún día tuviera el valor de ir a su casa para decirle: "Hola, mira, ya sé que es lo que te duele de la vida. Lo que me duele a mí. ¿Guardan color las fichas del parchís o han ennegrecido para siempre?"











Conciliando la vida

Hace unos días tomé un café corto con unos amigos y a consecuencia del diálogo del encuentro comencé a escribir un texto. Lo hice en un vagón de metro y a falta de papel, papel, usé las hojas en blanco del libro Led Zeppellin de Mariano Muniesa (perdóname man, escritor, locutor, productor jevi riguroso y apasionado. Muniesa es el que mas sabe y comparte del metal y del hard y es un madrileño proletario izquierdoso atrincherado, un melenudo que pasea su amor por la gracia de Barcelona) que había terminado de leer. Las cosas del blog casi siempre surgen así. Si algo me llama la atención (capacidad de sorpresa incansable) lo escribo donde puedo, a todo correr y luego lo vuelco aquí. Pero no siempre termino lo que escribo y menos si lo hago en el metro, de modo que estoy acostumbrada a convivir con servilletas, hojas y hojarascas, manchadas con frases grandilocuentes o humildes que casi nunca retomo y a veces no consigo ni desentrañar. Desde los siglos, mi método con la escritura viene siendo éste (Tú le llamas TDAH. Yo también, pero le sumo E.N.E.A: “Esclavitud No Está Abolida”) así que en casa, era habitual oír la voz de Júlia, diciendo: ¿Mami, este papel que está en el baño en el que has escrito “Me cago en la puta, me cago en el amor y en todo lo que se menea” lo necesitas para algo? Digo que era habitual, porque ahora, con veinte añazos, la Júlia, ya no me dice nada. O coloca primorosamente las hojas encima del teclado del ordenador o las tira sobre el mismo como si le ardieran en las manos. Lo dicho; escribo de corrido y con urgencia y lo hago en catalán o en castellano, según me dé y según haya ido la vaina que me ha provocado. De un tiempo a esta parte y por lo que se refiere al blog, aunque haya empezado a escribir en catalán, acabo por traducirme, porqué me gusta que me entienda cuanta mas gente mejor. Cuando escribo mis amados libros musicales alimenticios (en estos momentos tengo uno por revisar con el editor y otro por revisar con la S.G.A.E y la editora) mas ganas me dan de escribir sobre otras cosas (del rollo blog) y menos tiempo tengo, porque no puedo disponer de todo el día sólo para escribir mis amados libros musicales. La cosa no da para tanto, Y mira que los dos de ahora los he firmado con Planeta. Por si fuera poco, -y porqué la bestia es así-, cuando tengo un hueco de tiempo, telegrafío novelas que se me hacen viejas porque el tiempo pasa y la mirada también.
Los poemas, versos y coplillas los guardo desordenados en carpetas, sin fecha ni perro que los ladre, entre cartas de amantes y fotos de mis ídolos. Hace unos días tomé un café con unos amigos y hablamos de esto que ahora tanto se impone; la conciliación entre la vida familiar y profesional, y al irme para casa, en el metro, pillé un folio de un libro de Mariano Muniesa, donde, muy solidaria, escribí: “Em cago en les conciliacions, en les reconciliacions i en la penya que pot portar una doble o una triple vida.”. No añadí más porque llegué a mi estación. Hoy lo he volcado aquí, sin traducirlo ni nada.