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MONOGRAFICO BLANCA ANDREU, POETA, BLANCA ANDREU
Mi poeta preferida viva y por muchos años BUENA Y LARGA VIDA, tiene apellido catalán que no lo es. Hasta donde llego a saber, Blanca vive entre Coruña, Grecia y Madrid, pero hubo un momento, cuando escribió su primer poemario: "De una niña de provincias que se fué a vivir en un Chagall", -allá en los ochenta, en la movida, en Madrid, donde yo también paseaba y dormía-, Blanca consiguió vivir en todos los pueblos y ciudades de España sin moverse de sitio; donde un montón de muchachas, de provincia y de capital, queríamos ser como ella.
Desde este agradecimiento hasta hoy en día, Blanca ha escrito mucho más, y yo, una chica de las muchas que querían ser como ella, también.
Me gusta su memoria para la cultura y su cultura haciendo memoria. Una erudición de risa o concluyente, que puede terminar en palabra soez o en una caricia al perro más bien educado del mundo. Como se casó con uno de los mejores escritores, - si no el mejor-, de habla hispana, Juan Benet (que en el cielo esté) y fue su cómplice, su amante, su niña y su leona, sabe cosas que nunca podremos saber, de aquellas que germinan en las pieles y entran por los poros, que cada cuál ha nutrido a su modo y su manera.
Tan distintas somos, pero tan distintas, que podríamos hablar días enteros hasta romper la meta de entrada de nuevos días sin sentir siquiera el roce de la cinta. Es alegre y sociable, pero también se recluye y piensa o no piensa en nada. A mí me llamó paloma ingenua y a Luz la comparó con San Tomás de Aquino. Su relación con la cultura rock es lo que hay de la cultura rock a Kipling, Byron, Huidobro y demás clásicos, pasando por el corazón y la bondad, que ella busca en cada gesto, en pleno siglo veintiuno, con una noción de la realidad que quita el hipo y un subidón de calores amatorios cuando Leonard Cohen le pide que se case con ella, susurrándole al oído: "Hey honey, Blanca, dance me to end of love..."
Mañana te llamo, niña.
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