Lo que va de Albert Om a Pau Riba y a Gerard Quintana
Sopa de Cabra
En un rato me voy a misa. A mis liturgias. Al concierto de Sopa de Cabra en el Sant Jordi, el último de los tres que han realizado durante estos últimos días. Me apetece mucho. Viví y curré entre lo que se dio en denominar la eclosión del nuevo rock catalán y lo pasé muy bien. Por afinidad estética y de sonido, Sopa de Cabra era mi grupo preferido. Luego estaba su cantante, el Gerard Quintana, un hombre con el que nunca he perdido el contacto y es un ser muy marciano y muy buena persona. Buena persona. Me gustaría copiarlo mil veces. Ya no se acostumbra a recalcar la bondad. El Gerard es bueno porque trata de ser justo, porque se contradice y porque una vez le vi entrar en un despacho como un hombre toro, un hombre cíclope, un hombre apunto para desmantelarlo todo porque le habían pisado el callo de la dignidad (Siempre caigo en lo mismo, quiero señalar la bondad y acabo por virar y dar razón a una creencia popular que me pone del revés: El bueno es tonto. Entonces, busco una anécdota que desdiga la creencia. O sea que sigo alimentando a los cerdos del Costumario. Ya aprenderé.)
Dentro de un rato estaré en misa. Más contenta que nadie. O contenta como todos los asistentes. Y para que no escribir a la vuelta y perder la objetividad que me caracteriza (sic) quiero dar la vuelta a otra creencia popular de presente.
Cuando los chicos de Sopa de Cabra decidieron volver a juntarse para su concierto de 25 años, llamaron a las puertas de las teles las radios y los organismos todos y “nadie lo veía” (“Ver”, de acto de fe) así que decidieron tirar por la vía de en medio y montar, con su agencia de managers, la que se ha liado. Ni subvenciones ni bobadas. El público ha sido el que ha respondido. Luego vinieron los sponsors. Hay que dejar las cosas claras, porque aquí, en la catalana tierra, siempre que ocurre algo grande (dimensión, emoción) se tira a mirar a la Plaça Sant Jaume y a imaginar bolsas llenas de euros. No es el caso. Y quería decirlo.
Hay quién ante el éxito de la vuelta de Sopa de Cabra se pregunta cuál es el pulso músico cultural de un país que vive de sus recuerdos. Yo lo flipo. Con la mantilla por poner y la tachuela en las manos, lo flipo. Nadie se pregunta cuál es el pulso de los ianquismos cuando actúan los Rolling o el maravilloso Neil Young. Simplemente se ha creado una escena. Y hay más. Hay muchas más escenas catalanas. Pequeñas, medianas y grandes. El pulso es bueno. La amargura es lo que lo ralentiza. Fuera con ella.
A la guitarra y sustituyendo a Ninyin que está en los cielos, los Cabra han puesto a Xarim Aresté de Very Pomelo (una banda que no paro de promocionar porque soy fan patapan) así que los Sopa también han hecho subir al escenario a los más jóvenes.
Un día como hoy, con el recuerdo de Allende, las víctimas del 11-S americano y una flor a modo de ofrenda que he llevado a la casa donde nació uno de mis escritores favoritos, paseando con la perra, que también cumple años, ha de terminar con rock and roll del bueno. Y quería compartirlo con vosotros. Más que nada por no caer, mañana, en lo de la crítica musical, algo de lo que me rehabilité, por bien propio, de la subjetividad y del rock en general.
Me rehabilité:”Por delante y por detrás”, que canta el gerundense de la larga melena.
Bona nit, malparits
Muy personal: Felicidad para Júlia
JORDI GUARDANS, desde Granada
Carta a Nazario
Foto: Ocaña, Camilo y Nazario por las Ramblas de Barcelona ( colección de Nazario y el ciberespacio)
Querido Nazario: te he pillado la foto del féisbuk. Nada mas verla me he quedado mirándola un buen rato. La podía haber hecho yo, solo que por entonces no tenía cámara. En el recuerdo, me da la sensación que os miraba desde abajo, cosa que tampoco puede ser, porque a los dieciséis ya era tan alta como ahora. No os miraba a vosotros, me miraba a mí en vosotros. La santísima trinidad barcelonesa de finales de los 70. No sabrás nunca cuanto me ayudásteis a ser como soy ( si esto es alguna hazaña) vosotros, tus dibujos, los de Ocaña, el culo de Camilo, el Pau Riba de mi código familiar, el Sefer bendita ternura, el Pau Malvido y hasta el Picarol.
El otro día te llamé para decirte que necesito curro de media jornada. Me han caído dos libros, dos, pero sigue sin ser suficiente. Escribo con interés y entusiasmo aquello por lo que me requieren, pero yo quiero re escribir esta foto, vuestro tiempo, vuestra historia. Cuando os miraba con ojos de niña divertida, batiendo palmas...
Y no hay manera. Tú bien lo sabes. O sí la hay. Lo puedo escribir sin adelanto, ni contrato, ni seguro para presuntos cortes en los dedos, pero a eso ya no juego. Hartita de sostener con mi trabajo, el pago de los mensajeros de grandes editoriales. Así que esta historia debe esperar, mi punto de vista, que no es el único ni el definitivo. Y es mas bien bajito, porque tengo la sensación que mi mirada llegaba a vuestra cintura. Mis manos también, como la canción de Adamo.
Bueno, niño, que ya sabes que te quiero. Y no por tu polla al aire en los setenta, si no por como te lo dibujas, por tu voz y tus maneras cálidas y vehementes. Una de las cosas que mas me gustan en el mundo es tener cerca a la gente que admiro. O admirar a la gente a la que quiero, pero sin baba. Un face to face. Desde el hevyorro escritor Mariano Muniesa, al puto amo Echanove o Gerard Quintana.
Tus chulos siguen asustando a mi hija con propuestas indecentes. Ella huye donde yo, seguramente, me hubiera quedado. No a follarme a tus chulos, si no a ver hasta donde llegaban.
A veces me pregunto si será su generación la que escribirà la historia de la foto. Quizás sí. El tiempo necesita tiempo, de modo que los puntos de vista están cada vez más lejos de la realidad.
Una realidad que tampoco existe, porque es imposible abastar tres, mil realidades, en un solo texto y en un punto de vista bajito. Pero qué bello sería escribirlo.
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