La terra catalana
No “jaleo” ningú
Hoy es día festivo en Barcelona. Segunda Pascua. La segunda Pascua viene sin Cuaresma y yo escribo en el blog instada por la comodidad que me ha brindado mi amiga Xispa, que ha llegado esta mañana a mi casa, se ha arremangado, me ha fregado la terraza (cita) el salón (cito) y ahora mismo me está instalado una estantería que sujeta los libros sin que se vea ( la estantería) que anteayer me regaló Michèle porqué es generosa y no tiene los abrazos rotos.
Xispa friega y agujerea las paredes porqué lleva unas semanas desolada. Dice que intenta abrazar a su chico con todas sus fuerzas, y cuando va a rodearle el torso, los brazos se le quedan balanceándose, sujetos a su torso como las patas de un pulpo muerto. Admiro esta capacidad de acción en los momentos de marrón porqué yo, ante la desolación, me atoro y me crecen telarañas.
Aún así, me preocupa la hiperactividad de mi amiga, que ya se ha tomado un Valium y se ha tumbado en el sofá a dormir por el día lo que no ha podido dormir, cómo amante, por la noche.
Los abrazos se rompen a cada instante. Y a cada instante crecen otros (recuerdos a "Cal que neixin flors a cada instant", de Lluís Llach)
Después de darle mucho al coco, yo he decidido romper mis abrazos con la urnas. Que con su pan se lo coman. Y parece que una poeta catalana ha roto un abrazo ( cito) de mails conmigo, en un tiempo en que cada vez me abrazo con más fuerza a una Fender Stratocaster que un hombre compró en los ´80 y sigue sonando rockanroll.
Almodóvar ha roto los abrazos con el crítico de cine del País, un periódico del que yo "me estoy quitado", aunque sigo abrazada al autodefinido de los domingos y a Maruja Torres.
Para no ver la televisión (Barça i Telenotícies, sí) cada vez escucho mas música (¿más?) escribo, y leo cosas por Internet. He seguido el caso Boyero/ Almodóvar y me ha parecido patética la posición de El País. Yo me abracé a los Abrazos Rotos de Almodóvar, aunque algunos colegas que dicen saber mucho de cine, digan que me abrazo mal.
Me abrazo a lo que quiero y nunca mejor dicho. He sufrido por amigo/a interpuesto críticas sangrientas del País, escritas por tipos que entienden la crítica como un acto creativo ( sic) de opinión, demolición y muerte del acto creativo. Mis amigos/as no eran Almodóvar o no quisieron dorar la píldora al País y al "opinador sangriento" de turno y rompieron sus abrazos con el diario más independiente del mundo. También he vivido, por amigo/a interpuesto como una buena crítica en el País o en el Churumbel, ha avivado patas de pulpos inertes. Yo misma, conocí hace poco tiempo y diez años después, a un crítico del País que me hizo una muy buena crítica sobre mi libro de Pau Riba y a pesar de estar cenando con él no dije esta boca es mía, cuando debía de haber dicho gracias.
Sigo abrazada a una timidez que, a pesar de conocerme, algunos amigos siguen sin concederme. Y desde aquí abrazo con fuerza esta segunda Pascua sin Cuaresma, con mi amiga rota, roncando en el sofá (cito) mientras lanzo una misiva al mundo: ¿Alguien sabe algo de mi amiga Eva Siva, también llamada Mercedes Guillámon? Es para poder abrazarla. Almodóvar seguro que sabe. Algo muy profundo me dice que no han roto los abrazos.
¿Y tú, me abrazarás muy fuerte?
Estos frescos, -de gran calidad según los expertos-, son de la Casa de Augustus. Pintura romana del siglo I.
Siempre comienzo así, busco una imagen en Google despúes de escribir cualquier cosa en el buscador y las imágenes me llevan al texto. Pocas veces QUIERO escribir sobre una cosa en concreto. Bueno, esto no importa a nadie.
Lo que importa es que si yo, en lugar de escribir al final de la jornada, a punto de caer en los brazos de Morfeo, lo hiciera de buena mañana, la redacción ganaría porqué estaría más fresca.
La frescura es ideal para todas las cosas, menos para aquella, en que tan grata palabra y acción, se convierte en sinónimo de morro, de traspasar límites. Para mí, al escribir y al vivir, la frescura es un estímulo, un acicate. Ya sea para lo de reir cómo para lo de llorar. Fresca como una rosa, fresca como un tomate, color rojo en los pómulos, signo de salud. Fresca como una pasión recién empezada o una pasión eterna. Fresca como la cartera de un niño cuando va a la escuela.
Frescura en la actitud que es incompatible con tratar de esconder quién eres. Fresco y profundo como Terenci Moix o Pedro Almódovar. Frescura que cuesta mantener, de mañana y de noche. Frescura tantas veces confundida o envidiada.
Frescor que ahora envidio, aunque me iré a dormir como una fresca sin haber escrito nada fresco (que también es hermano de original, según lo entiendo) pero habiéndo dejado la imagen de unos frescos desconchados que no dejan de serlo al paso de los años.