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Carles Sabater y el ángel


De la velada del pasado viernes, guardo el recuerdo de un papel de estraza que olia a nardos y tenía como hiilo musical, "Una mujer con Sombrero", la canción de Sílvio Rodriguez.

Así que la emperatriz y la infanta de nuestra república ( no es una paradoja) se fueron a dormir, yo me quedé con un ángel femenino hablando en un bar, con vocación de echar el candado. Ahí, mecida por una incipiente amistad, que se va haciendo roca y paisaje, nos soltamos el moño, charlando de cosas personales.
Hubo un momento en que tuve que responder a una pregunta a la que vengo respondiendo desde hace trece años. Esta vez fue planteada con delicadeza y alitas para la omisión. Quizás por eso la respondí desde el vientre bueno y con un arrojo que una semana después todavía me dura y me ha dejado las emociones revueltas. La pregunta era si Carles Sabater, el actor, el cantante, mi amigo del alma, murió de una sobredosis o no. La respuesta es clara: No.
Le dije a mi ángel que si pusiéramos en fila india todas las drogas que Carles Sabater consumió a lo largo de su bella vida de treinta y siete años de edad, tendríamos la munición justa para pasar una semana en vela. Carles Sabater no era un drogadicto ni tenía ninguna adicción, salvo a los berberechos. La broma es digna de él.
He tenido muchos y muy queridos amigos y amigas que han muerto a consecuencia de las drogas, de modo que si fuera así, lo diría. No se hace justicia a nadie diciendo las cosas del revés, pero al fin y al cabo hay que cebar al mito y el mito, en el pop rock, se ceba con estas bobadas.
Carles Sabater murió porque no sabía decir "NO" y por una parada cardio respiratoria de esas que te fulminan ahí donde te pillen, hayas comido arroz blanco, o te hayas tomado un güisqui. Y encima, su mal, contaba con antecedentes familiares.
Eso es todo, Se lo dije al ángel. Lo escribo aquí y no lo lo voy a repetir nunca mas.
El caso es que Carles ya no está y se le echa de menos. No hay día en el mundo en que no piense en él. Sobretodo cuando algo me da risa y de un modo automático, pienso cuál sería el tono de su carcajada a propósito de lo que me la incita. Nadie me ha dejado un recuerdo tan ligado a lo mejor del camino..
Lo que el ángel femenino me ayudó a poner sobre la mesa, es que pasamos por la vida insistiendo en causas sociales y muchas veces, nos olvidamos de hacer justicia a los nuestros. Para que Carles vuele en libertad y descanse en paz, hay que procurarle la paz y la libertad.
Trece años después de la muerte de Carles, todavía hay gente que habiendo vivido cerca de él, aunque no fueran sus amigos ( la amistad, como el camino, se demuestra andando) siguen alimentando y distribuyendo fantasías negras sobre el Carles, que no se corresponden para nada a la realidad.
Que con su pan y su veneno se lo coman. Estar pendiente de este tipo de maldades va en contra de una, así que las exorcizo desde ya y hasta siempre.
Lo que si me interesa dilucidar, son algunos flecos que bailan con el palo de una escoba sobre la obra de mi amigo. Su familia se lo merece y él, mas que nadie ¿Puedo seguir desganitándome a favor o en contra de tantas causas sociales y dejar que los asuntos del Carles no estén bien amarrados? Decididamente, no.
Hasta este punto, trece años después, de la muerte de Carles, me llevó el ángel femenino y moreno. Nunca le estaré lo suficientemente agradecida. A él tampoco. Jamás alcanzaré aquella ternura que él destilaba a diario, cuando vivíamos juntos pero no revueltos, en la montaña donde los jabalíes venían de noche al jardín a comerse los deshechos de sandías y melón que les tiraba la Sra. Aurelia: " Dona, no les tiré mas melón que los indigesta ¿Y si prueba con tortilllitas a la francesa que son mas frugales para la cena?" Descanse en paz.