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Ondas gravitacionales




Lo que el mono de tabaco me ponía muy difícil, ponerme a escribir, lo consiguió Einstein. Cuando mas notaba la ausencia del cigarrillo era al sentarme a trabajar, así que traté de tomármelo bien para no aumentar la ansiedad. Intenta permanecer tranquila, no pasa nada si pasas un tiempo sin escribir, me dijeron. ¿No pasa nada? Me ahorro los símbolos de exclamación.  En este periodo de tiempo al que hago referencia, en un día de hace unos cuantos, vinieron los diarios anunciando algo alentador en las portadas. No hablaban de esas cosas cotidianas de la sinrazón y de la inmundicia, ni de las otras del esperpento, sino  de que la teoría de la relatividad formulada por Einstein cien años atrás, se había demostrado en un punto. Me puse muy contenta. ¿De modo que las ondas gravitacionales tenían sentido más allá de un texto de canción de Franco Batiatto? La noticia venía a llenar un agujero de curiosidad que siempre he sentido por la física, en la misma medida que lo siento por la filosofía, por la poesía y por la buganvilia, aunque pueda parecer que no, dado que vivo más cerca de lo último y no estoy muy capacitada para comprender lo primero si no es en base a lo segundo.
Pillé un par de libros sobre el tema en la librería low cost de Casanovas con Gran Vía y más contenta que un ocho (parece que esto va a resultar ser un relato muy personal)  me fui andando hasta la casa de Reyes Torío, mientras trataba de aprehender en mi interior lo que son las ondas gravitacionales; vibraciones que provocan deformaciones en el espacio-tiempo, el material con el que está constituido el universo. ¿Tendríamos que reformular la definición de la palabra tiempo o buscar otra para hablar del que pasa tan rápido o del mucho que hace que no nos vemos? A las pocas horas, tan exultante como ignorante, me vi, junto a la amiga que dinamitó cuanto pollo se le puso por delante allá en los ochenta (y sigue en ello, aunque ha cambiado de especie animal a tratar de asesinar) en la Sala Apolo, en un concierto de bandas británicas de punk. Abrió el cantante de TVSmiths acompañado  por la banda que le montó Jonathan Suzy Chain, el pequeño maestro, que tocaba el bajo y siempre anda espoleando la historia del rock and roll, siempre está en activo. Cada vez que le veo en directo, -eléctrico como pocos-, hay un momento en que le recuerdo en casa de Ana María Moix cuando era muy chico, galopando por el pasillo junto a su amigo Borja Farré con el que sacaba sonido de guitarras imposibles y luego se le hacían oír a la mejor escritora del mundo.
Aquella primera parte fue muy buena, el público, gravitando entre el espacio y el tiempo, parecía dividido en dos, pero mezclado en una sola masa.  Por una parte estaban los neo punks y por otra los de primeros síntomas de artrosis, pero ninguno, creo, de la edad del cantante de UK Subs, Harper, que con setenta y tres se ha currado una gira de mes y medio tocando cada día y mira que saltaba. ¿Cuál era la materia de la que está hecha el universo? ¿Podemos hacer que la energía de esta materia influya de igual modo sobre cualquier ser humano? Para acabar de redondear el trabajo, Reyes me vino a decir que le parecía que uno de la cresta azul que se la atusaba sin parar y pegaba botes, fue uno de sus primeros novios cuando solo hacía giras entre Santurce y Bilbao. Podía haberle dicho, nena ¿de qué vas? Pero si el chaval no habrá cumplido los veinte años. Pero callé, a mí me parecía lo mismo, me daban ganas de saludar a las chicas de crestas y de engarzarme con todos aquellos rostros jóvenes, con quién, de buen seguro, había pasado muchos días y muchas noches por estos mundos de dios. Sí, eran los mismos de siempre, los que estaban en los ochenta, solo que nosotras, creo que por un momento, también creímos, si no estar en los ochenta, ser como ellos, ser ellos. Uf. Me pareció que me partía un rayo gamma. Las vibraciones provocan deformaciones que se quedan ahí, quietecitas en el espacio-tiempo, pero cuidado, pueden pasar siglos y llega un científico y encuentra el material que arrastramos con la majadería a cuestas. En aquél espacio, tanto Reyes, como servidora pertenecíamos más a las teorías, hoy despatarrantes, de Newton, donde todo lo que se mueve puede hacerlo más rápido que la mismísima luz, que es lo que hacíamos cada día en los ochenta, en el post punk. En tamaña encrucijada sensorial me entraron unas tremendas ganas de escribir. No de fumar, si no de escribir, y también de ponerme a medir diámetros de agujeros que las ondas abren al arrasar con todo, cuando de pronto escuché un solo de guitarra como de guitar hero, nada de aquella manera de lijar sierras eléctricas contra cuerdas que tenía, por ejemplo, el añorado Tio Modes de la Banda Trapera del Río. ¿No estamos en un concierto de punk? Le dije a Reyes. Con el tiempo que han tenido ya han aprendido a tocar mujer, no seas ortodoxa, me dijo para distraerme. Y es que la tía se había encontrado a uno de sus fans. Esperé un tema más pero me bullía el interior. Algo había roto la onda y era aquél guitarrista japonés que punteaba fino punteando guarro. O era mi cabeza que iba desde los botes que pegaba Harper con setenta y tres a los desaguisados de indolente belleza de los de veinte, e iba tratando de resolver fórmulas sin tiza y sin pizarra. Además, la bolsa de plástico en que descansaban los filetes que había comprado para la cena se me había anudado en la muñeca como una maldición. No se va con la compra a un concierto punk, me dijo Reyes cuando traspasábamos la puerta de salida del Apolo. Y entonces me di cuenta que le nombre de la sala también acompañaba todo aquél sueño que vivía despierta. El Apolo. Fue la primera noche de mi vida en que permanecí despierta junto a mi padre. Bueno, despierta no, porque la cosa se alargó mucho. ¿Ya han llegado a la luna? Echa una cabezadita que te aviso. Cuando llegué a casa, no el día en que el primer hombre pisó la luna, que ya estaba en ella, si no el primero en que los humanos tuvimos noticia de que ya hay suficientes recursos para investigar que pasó al día siguiente del Big Band, no arrancaba el ordenador. Tuve que recuperarlo de un sueño de gravitación y jodienda con el software en la disquetera, y es que ya tenía ganas de escribir, frenesí, y me importaba un pito el tabaco. Desde entonces no dejo de leer sobre el universo. Extiendo las teorías físicas sobre mi propio físico si hace falta y si bien siento que no hay nada más osado que la ignorancia, también noto que no hay nada más hacedor de vida que la curiosidad. Con el tiempo hallaré la fórmula que me hará regalarle a Reyes las coordenadas del punto exacto donde empezaron a descomponerse sus pollos, para alentarla a seguir desde otro lugar que será el mismo, una mente ágil y buena comunicadora como pocas, que al igual que las ondas halladas, ha de conciliar la gravitación con el índice máximo de velocidad. Y ahí nos volveremos a ver todos antes de ayer, subidos a la punta de la aguja del imperdible, manteniendo el equilibrio como  duendecillos empecinados, siempre inventando nuevas fórmulas, material de arrastre.

Ser Barcelona, ser tiembre

                                                                 La foto es negra

La muerte de Aylan, o mejor dicho, la foto de Aylan muerto, abre un Setiembre que se prevé movido, agitado por la ondulación de banderas y lo de a ver quién la tiene más grande. Un niño muerto sobre la arena toca más la fibra de los corazones entumecidos que la de cientos de muertos adultos en el mar. No vengo a dar la brasa. Con tanta información desgraciada, la muerte nos puede llegar a provocar ternura, aquél síndrome asqueroso que antaño y hoy día mueve a damas y caballeros con pudientes a la caridad hacia los desfavorecidos. Mira niño, si no fuera por mí, no merendarías. Otra cosa es abrir la puerta al que padece y ser un poco Barcelona. Siento que nunca me había identificado tanto con el poder, pero hay un poder que puede y un poder que concede. El poder es un crucifijo que llevamos todos. Unos en el bolsillo y otros en el gesto del abrazo. Hay quién lo menea siempre y hay quién lo mantiene a raya. El limite que hay entre ejercer el poder y ejercer la dignidad personal puede confundirse, aunque casi todo se confunde. La caridad y el dar, el altruismo y el placer de curar heridas ajenas. No creo en la supremacía de la inteligencia, creo que hay que ser muy inteligente para ser buena persona, dice Ana Moix en un vídeo que han colgado en You Tube de un encuentro poético al presentarse. Creo que ahí está la clave de todo. No somos buenos porque no somos inteligentes, pero para los que venimos del punk, el bueno es el que lanza la piedra, así que lo tenemos más fácil, al menos para entender la máxima de la poeta.  
El niño fallecido se llamaba Aylan y cientos de miles de  personas verán esa foto, ya la hemos visto. Su madre buscaba un refugio y se encontró con el de la muerte. Todos buscamos un refugio y todos jugamos al juego del poder al comenzar Setiembre, al comenzar con todo.
Los hay que huyen y buscan su refugio en las palabras, megalómanos sin vaca y mucha mala leche, como Felipe González. Estos tipos muerden otra arena, pero es fácil que también se conmuevan con la foto de la ignominia, porque ¡quieren tanto a sus hijos!
Conmoverse no es moverse. Es el mismo camino que va de la preocupación a la acción. Quiero ser un poco Barcelona en Setiembre, aunque es más que probable que quién tenga ganas de abrir su puerta al otro, no tenga puerta ni tenga casa. Tampoco creo en la supremacía solidaria de los más pobres sobre la de los más ricos, simplemente creo que hay que ser más inteligente para ser solidario teniendo  cero que teniendo mil.

Setiembre es un mes que se dice en imperativo y se hace como se puede. Para empezarlo, a mí, se me ha roto el móvil, ahogado en el wáter. Ahora tengo un teléfono de ring ring y nada más. Ayer noche mandé una maldición global por no tener a mano la aplicación de los mensajes instantáneos, mientras en la pantalla del ordenador, la foto de Aylan muerto me sacudía con la planta de goma de sus zapatitos. Parece que el mundo no ha haya hecho nada más que empezar, que estemos en el manual de historia de primero de ESO, pero la tecnología va rauda y las banderas se agitan con el viento de un otoño que ha llegado cortando el sol de un navajazo.  O huir buscando un refugio o ser un poco Barcelona, ala de puerta al batir.

Obras Completas de Jordi Guardans





Ya está en las librerías la obra poética completa de Jordi Guardans, La presència del Transparent, que incluye un trabajo extra, el Missatger. ¿Quién lo iba a decir? Tan joven y con obra completa. A lo mejor la juventud del poeta era esto, ir creciendo durante un montón de años para publicar un todo que no lo es (Jordi ya está escribiendo de nuevo y para alegría nuestra, la de los lectores, ávidos de una compañía útero y una compañía cósmica)  y decir, hasta aquí he llegado, aquí lo tenéis, y el círculo lo cerrará lo de siempre, pero yo no.
No sé si Jordi se puede considerar un outsider, pero así lo siento yo. En la medida de lo poco amable -por redundante y cansino de la palabra-, es el trabajador de las palabras más outsider que he conocido, que por no tener, no tiene ni pose de out ni de in, aunque muchos, embadurnados por lo fatuo de la vida, le reprochan "lo  bien que le ha ido todo" (el viejo cuento de que la realidad supera a la ficción y en casa del herrero cuchillo toledano) por nacer en una burguesía cocida al punto con cima en abuelo con estatua que hace la “butifarra” a todos los que pasan la frontera de Ciutat Vella al Ensanche barcelonés.
Sobre estas cosas siempre es mejor callar, pero como siempre lo dicen los mismos, ahora lo digo yo. Y zanjo el tema por si un día me invitan a un Salsa Rosa en TV3, la televisión del pensamiento único, la que no tiene ni una mota de polvo en los platós.
Guardans ha hecho un camino solitario (en el sentido de no pertenecer a grupos ni pagar peajes ni tener hombros peana) por un sendero poblado de amigos, ángeles, dolor  y misericordia. Lo ha hecho con un empecinamiento muy grande, siempre humilde, delatando signos y símbolos, tan abstracto como concreto, y hablando desde el lenguaje del alma, como si no fuera él quien escribiera y se dejara dictar. Aun así, nunca he comprendido la falta de cinismo en su obra y en su vida, que en su caso son indivisibles (mira Oscar, dandy, lo que te digo) o las anda con idénticos pasos.
Referente a esto último, a lo del dictado sensorial (marciano, de color azul), no debe ser tan exacto porque se da de bruces con otra tarea de Guardans, que es la de la precisión. Tal vez no exista dictado extrahumano cuando alguien dedica tanto esfuerzo en decir las palabras exactas, como si siempre andara con un bisturí de cirujano remendón de nubes. Un sentido de la justicia muy grande la del poeta.
Con el panegírico a cuestas, porque soy incapaz de desdoblarme y dejar la emoción que me crea su obra, y me crea el calor de la amistad, insto a todos los que no lo habéis leído a dejaros ir en su mundo, tan espacioso y múltiple como el amor mismo.
Anda morena. No pongo signos de admiración porque no sé cómo hacerlo desde este teclado. La frase, el aspaviento, iba de mí hacia mí y es que me gustaría traspasaros un sentimiento (no todos los sentimientos llevan a la razón, pero la razón sin sentimiento es un montón de hierro en un cementerio de coches) que me retrotrae (ay batallitas) a la primera vez que le conocí.
Nos presentó una conocida cuando ambos éramos jóvenes de muy buen ver y él un efebo de boca que no lo ha de catar, palabra que lo habrá de acariciar. En aquel entonces estaba a punto de editar su primera obra, la Ciutat Il.luminada, una obra de teatro, género al que nunca ha vuelto. La obra contenía unas cuantas canciones, porque también es músico y compositor, o a lo mejor no es exactamente así, y eran las canciones las que contenían la obra de cada día. Solo sé que la primera que le escuché cantar, la Mare de la Nit, uno de los temas que daban banda sonora a la pieza teatral, fue una tarde en su estudio de Via Laietana, en directo, y vino a parecerme una canción que lo contenía todo. Creo que sabéis de lo que hablo, me refiero a aquellas canciones y poemas que dicen todo lo que hay que decir o sientes que es así, y si bien había tenido experiencias parecidas, nunca la había tenido en vivo, lo cual resultó glorioso y de ahí nació, -de la canción círculo, de su corazón mundo-, un abrazo estelar, una comunión profunda que no me ha abandonado jamás. No me eché a llorar, sino que aplaudí como una niña que vislumbra a lo lejos los Reyes Magos.
El tiempo nos distanció y un día me llamó Ana María Moix para decirme que tenía un amigo con el que creía que haría buenas migas. Nos parecíamos como una patata a una castaña, de no ser que hubiera un misticismo punk o que los ángeles escondan imperdibles oxidados bajo las alas. Ya le conozco, dije a Ana María. Pero me lo “representó” de nuevo en su casa, otra tarde, cerrando de nuevo un redondel que antes habíamos escrito con letra de colegiales. Y así, de tarde en tarde, cada fin de año y muchas mañanas, hasta hoy, hasta las obras completas, el amigo ha estado a mi lado en los mejores y peores momentos porque además de su presencia tengo sus textos y sus canciones siempre cerca.
 Gracias a la vida.
Panegírico again, porque no me puedo sustraer a la emoción de amar y admirar y volver a empezar, diría que sus palabras son un bálsamo a la desesperanza y en otras ocasiones, los mismos versos se traducen en palmadas en el culo para el más alto vuelo, siempre escritos en un lenguaje llano dado a múltiples lecturas o a la total desafección, porque es osado y habla de bondad, la conjura, protegiéndose de una pretendida indefensión vulnerable (leed Contra Venena et Animalia Venenosa, libro incluido en las obras completas) que acaba por ser, dolor mediante, la fuerza máxima del ser humano, en un discurso que podría dar voz a todos los bienaventurados de este mundo, incluida yo misma, que lo recito.
En mi vida privada, de los múltiples lazos que he creado con Jordi, o a través de él, hay uno especialmente loco, una prueba del algodón. Si algún amante mío no recuerda al menos una estrofa de alguna de sus canciones, no fue amante, sino cuerpo y polvo y nada más. O no mereció serlo, que es mas triste. El tirón cómico de la anécdota, sirve.
Del carácter y de la poesía de Guardans, su impronta más grande es la evidencia que sientes al escucharlo, al leerlo, una certeza de estar oyendo hablar a un niño o a un anciano curtido en los conocimientos del alma humana, sin pasar por el término medio; la madurez, las manzanas revoloteando entre el suelo y el cielo, y todas estas cosas, de modo que hay muchas zarandajas del intermedio que no han hecho mella en él, que son las que más desorbitan lo verdaderamente importante. De ahí que haya citado antes la falta de cinismo y cierta inocencia que siempre me ha dado la sensación de que la usa de potro para saltar por encima de lo obvio, lo  feo y lo cruel.
Anida, eso sí, un sentido del humor que nos ha llevado al pipí que te vas, corre hacia el baño, así como una danza de nombres de gente contemporánea y no tanto que de repente surgen en sus poemas y en su discurso como luces que le dan buen rollo. Y no solo se circunscriben al ámbito literario y musical.
Jordi Guardans es un tipo que tiene que estallar. Y digo estallar según mi santo entusiasmo. La prueba es que de todos los lectores que le conozco, siempre son los jóvenes más jóvenes, por edad y condición espiritual, los que se adentran en sus poemas, sin corsé y en pelotas.
Pero si Jordi no estalla, estrella. Ya lo es.
Con las obras completas en las librerías y el lápiz en la mano (escribe con lápiz y me vuelvo a dejar los mil signos de admiración) ha cerrado otro círculo, otro mundo de los muchos que habita, para estar solo en este, y encima, ojo avizor, como un centinela de la pureza.
No sé si he vendido bien la moto, pero estoy segura (y ojalá tuviera tan claro el número ganador de la lotería gorda de este año) de que si Patti Smith fuera de aquí o él de allá y las palabras polizones hubieran inundado sus barcas, la de Horses y todo lo demás lo cantaría, se lo bebería.
La moto, vendida o no, ruge.



Ana María Moix


                                                       Fotos de Domenec Humbert



Hasta que conocí, con dieciséis años, a Ana María Moix (marchando una de literatura del ego, de obituario del ego, de miseria humana) creía que todos los escritores a los que leía estaban muertos porque sentía que así me lo indicaban aquella fotos color sepia o de mala calidad de las contraportadas de las ediciones de entonces, qué, por una asociación sórdida o realista de ideas, me retrotraían a las fotos color sepia, de marco ovalado, que veía en el cementerio el único día del año en que lo visitaba de la mano de mi abuela.
Pero el día en que conocí a Ana María Moix ya la había leído mucho y repetidas veces y ahí estaba la vida, la vida siempre estuvo en ella, dudándola, poniéndola en brete, hasta el punto que a mi hija, a mi vida grande, la llamé Júlia, como el personaje de su novela del mismo nombre, la lectura que más me había ensalzado el alma, siendo aún muy niña, y arrancado del centro, como un disparo de contra literatura del ego ( vaya tontada de definición) al recibirla.
Escribo en mitad del gran temblor. Mi hermano me ha dado la mala noticia. Antes había rehusado llamadas de colegas pensando en responderlas cuando tuviera tiempo para ello y para ellos. No estoy en Barcelona, estoy escribiendo, estoy en lo suyo, en lo de Ana María, que hice mío gracias a ella.
Mi hermano me ha dado la noticia. Mi hermano, el suyo. Los círculos y las infancias, las únicas patrias, decía. Y la vida, el transcurrir, nos da buena prueba de ello.
Es ahora que lo puedo decir, es hoy, en que no me siento el aliento, cuando por fin puedo gritar algo para lo que no estoy preparada, cuando mi fantasía infantil se concreta y toma toda su dimensión. Todos los escritores están muertos.
No tengo ninguna duda al respecto y el grito me cercena de dolor.
Si apenas acierto a darle a las teclas con mi ímpetu habitual es porque me pregunto donde coño irá a parar la energía suya, la de la Moix, que siempre supe buena, de una bondad infinita (no sentía cursi la bondad y joder, ya era hora de poner la valentía en su sitio) y por eso mismo puse a los pies de una aprendiz de judas tan despistada como yo. Tres veces la negué y millones de veces la amé. Mátame con tu literatura que no doy parte.
Pero lo mejor de Ana era su coherencia personal. Obra y vida, la misma cosa. Y esto no lo digo hoy, lo he dicho siempre, lo he sentido jirón de piel. No en vano también he sufrido hasta el hastío, desde los dieciséis hasta ahora, mucha decepción, salvo honrosas excepciones, al conocer a otros escritores.
 No es bueno recordar en estas horas a peña liada.
Ana ¿Porqué te fuiste? ¿Por qué te has ido? Supongo que este es el ruego que más nos hacemos los que la hemos querido, así como será el titular de despedidas, que ella mismo puso a huevo desde que escribió lo de Walter.
Todo cuanto hacemos en esta vida acaba por crecer en distintos paisajes, se va afuera. O casi todo.
Tengo dos libros suyos, no escritos por ella, si no regalos, uno es una edición de lujo de Peter Pan, su compinche.
Y tengo una pena que no me deja escribirle al acierto, así como algunas notas, cartas, que hace unos días eran lo de menos y hoy son lo único que queda. ¿Lo único? Gracias por hacer cosas tan innecesarias, escribió en un tarjetón cuando me casé. Y en la funda del ordenador siempre llevo una estampa que corresponde a algún montaje en el que intervino, ignoro cuál, en que bajo una virgen de dudoso aspecto, ella escribió una oración a la virgen de todos los teléfonos del mundo, solicitándole se diera esmero para que mi amor me llame hoy. Ojala.
Hable con ella hace un par de semanas. No por intervención divina, que no era este ni el amor ni el milagro, pero me dijo algo infinito que hoy me meto en vena para no perderla tanto.
Como siempre. Ana siempre decía palabras de para arriba, subrayaba el poderío, aunque fuera con su humor negro, del gran mearse de risa, pedazo de ternura.
La Moix, queridísima Ana María, nunca te dejaba en la estacada. Ni al abrirla en libro. Toma escritora viva. 

Salirnos con la nuestra


                                                                    Lucian Freud

Tras días desaparecida en estas lides de internet y sin que me venga nada más a la cabeza que sacar punta a las ametralladoras que no tengo ni quiero tener, transcribo el encuentro entre A,- mi hija-, y B, -yo misma-, esta misma mañana, pelando papas en la cocina, tratando de fijar un lugar agradable en esta realidad social de la gran impotencia mientras voy aplicándome linimento Sloan en las piernas y en los músculos previendo la acción en la que hemos de entrar ya mismo si no queremos que los muy bestias se salgan con la suya.

A-Me ha dicho la Vivi por el chat que la tienes preocupada
B-¿Te ha dicho el qué?
A-Será  porque no escribes en el blog.
B-Ya.
A-¿Por qué no escribes?
B-¿Cuántas veces hemos coincido en casa las dos últimas semanas?
A-Aunque vayas de  culo tienes que tener tiempo para lo tuyo.
B-Mira quién lo dice.
A-Te lo digo yo porque me lo enseñaste tú.
B-No siempre se enseña lo que se sabe hacer.
A-Y no siempre se aprende lo que te enseñan.
B-Por cierto, todavía no te he comprado libro para San Jordi.
A-Déjalo, mejor déjame unos eurillos y me compro maquillaje.
B-¿Para San Jordi?
A-Pero si ya estamos en San Juan.
B-La tradición es la tradición.
A-Flipo de oírte decir esto, Bonet.
B-No me llames Bonet.
A-Tu me pusiste un nombre para toda la vida y yo no te puedo llamar por el apellido.
B-El respeto.
A- Hay niños que deberían perderles el respeto a sus padres desde que les ponen nombre.
B-No lo dirás por ti.
A-No, el mío me gusta, sólo que lo sacaste de la novela más triste del mundo.
B-Julia, de la Moix.
A-Conozco mis orígenes.
B-Pero si tú no paras de recomendar su libro Manifiesto Personal a todo el mundo.
A-Es que el Manifiesto no es triste.
B-No, es descarnado, para cortarse las venas y no parar nunca.
A-Pero es lo que hay.
B-Una novela también es lo que hay.
A- Más la olla del autor.
B-Una novela no mata, la historia sí.
A-Mira la que le cayó a la de Salinger.
B-Chorradas.
A-Si tengo un hijo varón le pondré Ripley.
B-No me harás una putada así.
A-A ti no, se la haré a él.
B-¿Estás preñada?
A-Boneetttttttttt!!!!
B-Eres  capaz.
A-¿De ponerle Ripley a un niño?
B-No, de estar preñada.
A-Soy capaz de todo. Si es niña le pondré Tradición.
B-¿Te acuerdas de aquella vecina que se llamaba Autonomía?
A-No era vecina, era mi profe de ajedrez. La Auto.
B-Ahora que quieren desmantelarlas a lo mejor la quitan de la Seguridad Social.
A-Y matarán a todas las Libertades en el paredón.
B-No seas gore.
A-Las matará mi hijo, el Ripley.
B- Se te va la olla.
A- Volviendo a lo nuestro ¿Me comprarás maquillaje en lugar de un libro?
B-No.
A- La necesidad está por encima de la tradición.
B-La cultura es una necesidad.
A-Si tenemos mogollón.
B-¿De cultura?
A- De libros.
B-Pareces frívola y nada más.
A-Ya te he dicho que te haría quedar mal si hablábamos para el blog.
B-Hablamos para el blog y para la vida.
A-A mi no me líes. Para una cosa o para la otra.
B-Yo no distingo.
A-Así te va.
B-Pero si tú no escribes en el blog.
A-No, pero me dejo usurpar.
B-Pues digamos la verdad.
A-Ahora mismo prefiero el maquillaje a un libro.
B-Dilo de otro modo.
A-Tu quieres que diga que leo mucho y encima me maquillo.
B-Claro que sí.
A-Cada vez te importa más quedar bien.
B-Por una vez que puedo...
A- Ya, pero no me utilices, queda bien por ti misma.
B-Señoras y señores, he criado una hija que me pide maquillaje por San Jordi.
A-Esto es rocanrol.
B-Esto es una putada.
A-Es lo que hay. Sin ollas.
B-Igual me hago una.
A-No, déjalo así. La verdad es una sola.
B-Y una mierda.
A-Oye, palabras soeces no.
B-¿Para  el blog?
A-Tu blog me importa un pito.
B-Entonces déjame que escriba lo que quiera.
A-Si hablas de mi escribe la verdad.
B-Tú y la verdad.
A-Soy realista.
B-Y yo.
A-No flipes.
B-No se puede criar a nadie si no eres realista.
A-Cuenta que me dabas de comer trozos de vinilo.
B-Esto es la leyenda.
A-Déjalo en un cuentecillo local.
B- Te voy a comprar un libro por Sant Jordi.
A-Si ya ha pasado el día.
B- Es igual.
A-Bueno. Y yo, con el dinero que me tenía que gastar en el tuyo, me compraré maquillaje.
B-Siempre te sales con la tuya.
A-Y tú.

Paseos con mi madre de Javier Pérez-Andújar



Casi al final del libro “Paseos con mi Madre”, de Javier Pérez-Andújar, el autor nos sale al paso vestido con una chaqueta de piel negra que le regaló su padre y le lleva abrigando los inviernos desde hace veinticinco años. Mira que el tipo está presente en toda la narración y seguramente desde su esencia más pura, que salvaguarda sobre la Idea, liberando la palabra del lenguaje y creando un lenguaje que ya es clásico como dejó bien claro en su anterior libro, “Todo lo que se llevó el diablo”-, pero solo cuando aparece con la chaqueta puesta, lo notas, tímido como es, se levanta de la horizontalidad de las letras y aparece, rotundo, sonriente y encogiendo los hombros.
Y es que aunque hable todo el tiempo en primera persona, la poesía que teje lo deja (él hace que le deje) en un segundo plano.
Dirán que “Paseos con mi madre” es una obra menor en comparación con el mismísimo diablo de su anterior aventura, aunque a mí, ahora, me parezca que es lo mejor que ha escrito y escribirá jamás porque acabo de leerlo, de echar el libro a un lado y tomar el ordenador, todavía emocionada y con los zapatos embadurnados de barro del paseo.
Sabemos por la experiencia que cuando vamos apenas si percibimos que estamos yendo y yo sé, después de leer el libro de Javier, que hay tipos como él que saben volver sin tener que repetir el camino ni desdibujar demasiado la historia, a cuestas con una auto exigencia ética que le guía hasta la claridad, no la claridad del gurú, si no la claridad del chocolate espeso. Idéntica coherencia para la vida que para la obra. Inútil es decir que en la claridad uno también puede perderse y por eso, cuando no quiere embrollarse, Pérez Andújar, tira del sentido del humor, que es de Granada, la Granada de Lorca, pero más campesina, más currada, más pedrusco en la frente, tan definitivo y necesario como un ángel de alas plateadas.
A mí este autor, -que es medio hermano por vía de inmolación juvenil y porque, -dejadme fardar-, co escribimos un libro hace siglos con otra gente del postulado del instante (muchísimo antes de que el listo cansino de turno tradujera el carpe diem de marras) me da lo que ningún autor de aquí, desde la Moix y Marsé me habían dado y encima con la proximidad de unos referentes culturales gemelos.
Cómo no tengo ni idea de cómo se concibe una crítica literaria y aunque al empezar haya intentado formular una, os diré que “Paseos con mi madre” es un libro imprescindible para saber dónde vives, sea cual sea el lugar donde vivas.
Ni más ni menos, como quién dice que no te puedes perder a la Velvet Underground si quieres saber qué narices es la música rock, “la experiencia física del sonido, como la llamó Brian Eno, el músico y teórico.
Con Andújar, el chaval de San Adrián del Besós, el filólogo del ladrillo y la aluminosis, se cierra, de momento, el cupo de clásicos contemporáneos, pero han de venir más, porque si no todo lo que nace irrumpe en la agonía de crecer y mostrarse, como lo hace el pistolero Javier, siempre hay alguien que se salva de la quema, y no sólo a través del talento, si no a través del talento y el corazón, que es lo que ha llevado al rockero del hoyuelo en la barbilla a convertirse en el hombre de letras que ha de hacer justicia, al menos, a todos los de nuestra generación, que encima son varias y cada día más.

Nazario, Zola, Chesapick, Lapido, la hija de Madonna y la tonteria de la ignorancia

                                                                         Obra de Nazario


Esta que voy a escribir es la entrada número 546 de este humilde blog que empezó como un divertimento y sigue cómo tal, entre otras muchas cosas que no voy a contar, aunque sólo sea para salvaguardar la humildad que le acabo de adjudicar.
Dicen que los novelistas siempre escriben la misma novela y me pregunto si los blogeros siempre escribimos la misma entrada. La pregunta la formulo desde un punto de vista literal, no de contenido, ni de esencias, ni de excesos o defectos de levadura para hornear la "magdalena prusiana" personal. Veréis:
Hasta hace apenas diez años, todavía podía buscar libros de mi biblioteca y de las ajenas, recordando la editorial en la que publicaba cada autor. Podía tener algún desliz, pero el coco me iba cómo un rayo ¿Fante? Anagrama, y así hasta diez mil. Al menos. Lo mismo me ocurría con los discos: "¿Prince?: "Warner." Incluso recordaba las editoras independientes y sus fichajes. Lo agrupaba de un modo natural, sin vocación de bibliotecaria ni de fonotecaria. Y todavía lo recuerdo.
El caso es que ahora ya no me pasa y es por dos razones. Una, la mas importante, es que el acceso a la cultura, a comprar y comprar libros y discos, se ha visto gravemente mermado por el marrón social que estamos viviendo y que me afecta directamente.
La otra razón es mucho más lozana, y se debe a la gran cantidad de editoriales, distribuidoras de discos, emplazamientos en la red, etc... que van proliferando.
Vamos, que me he ido quedando atrás. Tanto es así que el viernes noche, y a raíz de este tema, pasé un buen susto, un azoramiento de mí para mí, pero bueno, ya es mucho...
Estaba a punto de salir de casa del gran, grandioso Nazario ( adonde había ido corriendo, para pegarle la bronca, desde el Col.legi de Periodistes; lugar donde me había emplazado a través de mail, para la presentación de un libro de nombre "El burka cómo excusa", que se ve que está muy bien) y cuando llegué al Col.legi no había nadie.
Todo el mundo sabe que Nazario vive en la Plaza Real, así que hice el camino de bajada a grandes zancadas, pero la cuestión grave, comenzó cuando ya estaba a punto de irme, no sin antes hace, de la mano de mi anfitrión, varias paradas; cómo de procesión amistosa davidosa.
Con el abrigo ya puesto, me emplazó a ver las fotos que´le había hecho a un amigo suyo, modelo, negrazo, divino, que a la sazón estaba en el altillo (ya le había calado, pero en casa de los Sres. Luque Molina, nunca sabes si lo que ves es arte detenido o alguien o algo que se les ha escapado de algún cuadro o escultura; arte en movimiento)
Las fotos eran bellísimas y el modelazo estaba pasando unos días en casa de sus amigos porque tenía gripe y había que cuidarle. Nazario me dejó muy claro que no era maricón ( el negrazo) pero ya tenía novia. Me lo dijo muy capaz, administrándome en un tris, una dosis de bromuro "mujeril" en vena.
La siguiente parada fue delante de unos riquisimos buñuelos de bacalao; también obra de Nazario (que zampé) y un plato pakistaní que no zampé porque no era cuestión de poner la mesa, mientras que la última parada fue en el recibidor, donde el artistazo acostumbra a tener libros que ya ha leído y regala a los amigos. Me dió a escoger entre La Copa Dorada de James, que ya he leído, otro que no recuerdo y Lourdes, de Zola.
¿Lourdes? ¿Zola? El vacío era grave, No tenía ni idea de que existiera tal obra de Zola, al que he leído y disfrutado mucho, hasta en aquél libro de la apertura de los promeros grandes almacenes parisinos en el que parece que no pasa nada y es la semilla del mal que ahora vivimos. Miré la editorial: Cabaret Voltaire. Ni idea. ¿Lourdes? ¿El nombre de una heroína? ¿Cómo me había pasado desapercibida aquella obra? Me sentí muy burra.
Pensé que era poco probable que Zola hubiera escrito, anticipándose, la biografía de la hija de Madonna que es la única Lourdes mediática que me vino a la cabeza.
¿Y si era al revés? ¿Y si era que Lourdes, la hija de Madonna, había escrito una biografía sobre Zola? La cosa resultaba poco probable.
Me fui de su casa sintiéndome un membrillo de esos que Nazario tiene en el cesto de la fruta de su mesa de trabajo ¿O era un cuadro?
Después de bajar las escaleras, escondida bajo el letrero que hace saber al mundo que ahí vivió santa Ocaña, leí la contra portada del libro. !Lourdes hacía referencia al santuario! !Y yo que me hago la chula creyendo que hay clásicos, cómo el mismísimo Zola, al que le he leído bastante y se me había pasado una obra definitiva, teniendo en cuenta lo que rezaba la contra!
Bueno, no era para sacar el látigo, pero ya tenía una buena razón para entender porqué a Vila-Matas no le veo desde el Bikini y porque con Ana María Moix, nos emplazamos a vernos a través del face, pero no nos vemos nunca.
En el Glaciar de la Plaza Real me encontré con Nore, cuyo sello discográfico; Chesapik, dará mucho de que hablar y escuchar.
Nore me invitó a ver a José Ignacio Lapido, que actuaba en el Sidecar. Adoro a Lapido, sus textos y su maestría la componer. Lo adoro desde los 091 que era uno de mis grupos preferidos en los ochenta. Saludé a un músico conocido de la nueva hornada, que quería entrar al concierto que estaba a petar, y me preguntó por el libro que sostenía. Lo sostuvo en sus manos, leyó algo en la penumbra y dijo: "Anda!, Cabaret Voltaire! !Me gustan mucho!"
No le corregí. Todo el mundo sabe que Cabaret Voltaire no es sólo el nombre de una editorial pero algunos no saben que antes de la editorial y de su nacimiento, se lo agenció una muy buena banda. El tipo tenía razón. Me sentí un poco menos ignorante y fui a disfrutar de Lapido, olvidándome de Zola.
Con la tontería de la ignorancia, al menos he pasado unos días sin pensar en cosas que no tienen remedio.
La cuestión, es que sabiéndome gruyere, donde antes me había sentido plena, llegué a preguntarme si los blogueros, como los novelistas con sus novelas, siempre escribimos el mismo post.
La pregunta, ya lo he dicho antes, es literal. Y la respuesta, en mi caso, es que sí, que muchas veces debo escribir el mismo post, mas que nada porque ya empiezo a olvidar lo que he escrito unos días antes.
Así que desde hoy aceptaré pataletas y devoluciones, pero no iré a Lourdes a pasar la ITV del milagro, aunque para hacer frente a la crisis bien podría escribir la biografía de la hija de Madonna, que ya tiene catorce añazos vividos.
No la firmaría yo, la haría de negra, y a lo mejor así podría emparentar con el modelazo del Nazario si es que le deja la novia o me deja él mismo. Podríamos unirnos en el centro de la Plaza Real de Barcelona con banda sonora de Lapido y con Nazario filmándonos desde su ventana. Y que nos viera Zola desde otro balcón, a través de su monóculo....
Bueno, lo dejo porque estoy entrando en terreno de arenas húmedas y movedizas, que son un divertimento, pero no para el blog.

Felicidad para Maruja Torres

Hubo un tiempo y un país en que la muchachada pasábamos de leer el TBO y las aventuras de Mortadelo y Filemón, al Extranjero, de Camus, o el Walter, ¿por qué te fuiste? de Ana María Moix

Eso era antes de la presentación en sociedad de la bella Anarcoma y hasta del Star, en que también había tiempo.

La muchachada teníamos dos revistas; el Popular Uno, que era un bebé, y el Fotogramas, que ya ocupaba un gran lugar en la gloria revistera.

En el Fotogramas, a la muchachada de diez a trece años, nos flipaban las fotos de las películas y los comentarios que hacía una mujer llamada Maruja Torres en su sección (de cuyo nombre no logro acordarme) en la que contaba cosas que quizás no entendíamos del todo, pero desde un modo que nos alimentaba.

Los artículos de Maruja Torres en tiempos oscuros cumplían la función de rayo de luz.. Sé que cuesta mucho imaginarlo, mucho más ahora en que la muchachada nace deslumbrada y tiene que andar el camino al contrario; desechando las iluminaciones de los verdaderos rayos de sol.

A lo que iba, en aquél tiempo del tiempo, una mañana de sábado, a una niña que formaba parte de la muchachada a la que aludo, le informaron que Maruja Torres estaba tomando algo en una terraza, al lado de un señor barbudo. La niña se fue hasta ahí con un Fotogramas en la mano y se dirigió a Maruja Torres con un “¿Me firmas un autógrafo?”. La muy bruta de la Torres respondió a la niña con un “¿Pero tú ya sabes leer?”, y muy enfurruñada, la niña, dejó que la escritora le firmara el ejemplar y se fue corriendo, convencida que sería mucho mas feliz si seguía abrazando su antigua creencia (de cuando aún era mas niña) en que anduvo convencida que todos los escritores estaban muertos.

La niña a la que hago mención es aquella amiguísima mía que emparentó con Copito de Nieve, siendo los dos adultos; pero esa es otra historia que ya he ido contando en este blog.

El caso es que mi amiga y yo y la muchachada de la que formábamos parte, seguimos leyendo a Maruja Torres, fuera borde o no, y nos siguió atrapando. Con sus razones escritas nos confirmaba que teníamos razón o, nos daba una razón que tener en cuenta y aprendíamos. Así ha sido hasta hoy en día, en que tanto mi íntima (la de Copito) como yo, seguimos lapidando nuestras fortunas al comprar semana tras semana el País semanal sólo para leer la columna de Maruja Torres y hacer el Autodefinido.

Con la Torres nos desgañitamos de la risa con su libro “Oh es él!”, pero a partir de este momento la muchachada se dispersó y cada uno fue haciendo el camino por su cuenta. El mío y el de mi íntima, la de Copito, totalmente ligado a la gran compañía que nos han venido haciendo,-desde un tiempo en el que había mucho y hasta mañanasidiosquiere-, las palabras de Maruja Torres en los papeles, lo cual viene a ser gloria bendita para nosotras y para muchísimos mas.

Todo este rollo es para comunicaros que mañana, Maruja Torres cumple 67 años y lo quería dar a conocer al mundo entero, para que se felicite, se regale y se agradezca a tan digna señora su forma de estar en el mundo y el modo en que combate la vida, aunque un día de hace mucho tiempo en que también hubo, fuera borde con una niña que creía que todos los escritores estaban muertos.

Vivísima es la felicidad que hoy le deseamos mi amiga íntima, yo, y hasta Copito de Nieve; que no podía pasar sin leerla. Aunque esta sea otra historia.

Vanitat

Sempre he volgut escriure per agradar al Stefen Zweig, al Lou Reed, a l´Ana María Moix, la Rodorèda, el Marsé, el Guardans i el Robert Walser.
Sempre he escrit per agradar a aquesta gent: No per explicar les meves vanitats.

Te quiero

Sí, va, el amor es un misterio e importa sólo a dos. La frase es canción de Luz y tú ayer la escuchaste hasta tres veces, antes de quitarte los zapatos y ponerte a caminar por la arena de la playa, que es lo que mas te gusta hacer los domingos, una o dos horas después de haber comido.
Dices que todavía no le has dicho lo que sientes, pero crees que ya te has mostrado mucho, que él, el otro ( tú otro) debería entender de qué hablas cuando hablas con esa fina ironía que te caracteriza. Y de la que ya eres factotum, para bien y para mal.
El otro puede entender lo que le venga en gana, incluso puede pensar para que te sirve tener una vida trepidante y ser un hombre de éxito si eres incapaz de decir "te quiero".
Sí, vale, también podría decirlo él, pero por lo que cuentas, está en inferioridad de condiciones. Es difícil hablar desde un departamento estanco, a pesar de que saque el pie. Dile que ande con cuidado. No se lo vayan a pisar o le vaya a ocurrir una cosa peor.
Para garantizar, en la medida de lo posible, la integridad del cuerpo y el alma; estos deben estar guarecidos o en el exterior. Nunca entre dos fastidosas aguas. Ya lo dijo la gran escritora Ana María Moix "Nos encontraremos, sentados en los bancos del parque, tratando de pronunciar la palabra amor" Si no era así, se le parece. El concepto es el que tú barajas. Decir "te quiero" sin que se te caiga la cara de la verguenza ni te conviertas en polvo eres y al polvo vas.
Lo que a tí te pasa, amigo memo, más que memo, es que anticipas la respuesta del otro y no disfrutas deletreando y llenando de contenido el "te quiero". Decir "te quiero" te parece un trámite, cuando el "te quiero" es el diamante, el regalo, la ofrenda y la oración.
Si dices "te quiero" sin pensar si te quiere, sintiéndo lo que dices, como quién se deleita con un manjar, ya tanto te dará si luego te dice que él no te quiere a tí. O te dolerá su negativa, pero sólo por orgullo: "¿Cómo es que este tipo no ha visto mis encantos?" Podrás escribir un verso.
Guarda el orgullo para las cosas de los negocios y para los sustos del amor, pero no para abrirte a él. Al amor yo le que conozco, varias veces me ha enseñado el rostro, y sé que no le gusta que lo menosprecien y mucho menos en su nombre.
El amor tiene el ego muy cumplido, pero cada amante tiene que darle lo suyo. Se lo merece.
Y luego ya puedes cantar que el amor es un misterio y que importa sólo a dos, o recitar aquél poema de Lorca: "La primera vez no te conocí, la segunda sí. Dime si el aire te lo dice. Mañanita triste y luego me entraron ganas de reirme."

Sólo sé que no sé nada

Imagen: Sócrates disertando, mientras el otro le lleva el veneno.
Fue Sócrates el que dijo que sólo sabía que no sabía nada.
Desde este blog lo confirmo, después de que una amiga me cuente, entre hilarada y sorprendida, como en un programa del corazón, un contertulio adjudicó la frase y toda su enjundia, al futbolista Cristiano Ronaldo, mientras que el presentador, para arreglarlo, dijo que eso lo había dicho Platón, el discípulo. De Sócrates, no de Ronaldo. ¿Los cuervos de las audiencias no resuelven crucigramas?
Mi amiga tampoco porque le aburren.
Mi amiga, es una mujer estupenda con los ovarios muy bien puestos, pero se sorprende (!) de los descalabros de asignaciones de citas, cuando se queda en casa viendo a Jordi González en La Noria, que es un programa peligrosisímo que alienta a la división, a la exaltación y a genera mierda e ignorancia.
Sócrates creó un gran slogan publicitario sobre su filosofía. No es raro que a algún futbolista, a algún farmaceútico, a cien parados y tres intelectuales, le guste la frase y se identifiquen con ella. Yo misma, por poner un ejemplo cercano, me la digo infinidad de veces, siempre después de tropezar con la misma resabidilla piedra, siempre después de creer que trás la A vendrá la B y ni la una ni la otra ni lalalala.
Sorpresas que dá la vida y sólo sé que no sé nada.
Trás decir la socrática frase, máxima expresión de la humildad, se esconde la vanidad ( contrarios del mundo uníos) de poder decir sólo sé que no se nada, pero, en realidad, estar diciendo "sólo sé que no sé nada pero tengo muchísimos más conocimientos que tú, borriquito que no sabes ni la u tururú. Y por la misma razón que en mí, la saturación de conocimientos me llevan a decir que no sé nada, tú, borrico, no puedes decir la frase de Sócrates porqué la verdad es que no sabes nada, no tienes puta idea de nada, por lo cual solo puedes decir: no sé nada, que es muy distinto a alzar la voz para gritar, cómo el filósofo griego: Sólo sé que no sé nada."
A mí me hubiera gustado que en lugar de Sócrates ( no es nada personal) la frase la hubiera dicho (y se le hubiera identificado) a un palestino trás un asedio, a un republicano después del golpe de estado del 36, o una rock and roll star antes de pasar a la historia por haber muerto joven y tener un cadáver bonito.
Mi amiga, la que se sorprende por obviedades, me dice que se me va la perola y que no me va a contar nada más en al menos veinte días. Dice que le saco punta a todo y todo lo meto en el blog.
Mi amiga no sabe que mi última editora, la gran Yolanda Cespedosa, me acusaba de todo lo contrario, de no detenerme en las ideas, de darlas por supuestas. No sabe que la grandísima ( I´am your fan) escritora, Ana María Moix, me escribió un prólogo a un libro de poemas que nunca se editó, de título Zarpazos, en el que me encomendaba a escribir "zarpazos" toda mi vida.
Y que Gloria Biosca ( en el cielo esté) mi profe de literatura, asertiva y visionaria, me llamaba
" la síntesis" a raíz de una pregunta que nos hizo en un examen sobre la frase de Sócrates, y que venía a extar expuesta así: ¿Que has entendido de la frase (dalepericoaltorno) Sólo sé que no sé nada? A lo que respondí, repipi y muy pequeña, un lacónico y vanidosísimo: "Todo".
Cuanto más mayor me hago, más me acuerdo de las cosas de mi infancia.
De seguir así llegaré a la antigua Grecia, a los bellos efebos, al juicio contra Sócrates y a la cicuta que habrían de tomarse los cuervos televisivos que no saben resolver ni crucigramas.

Mon Gràfic Capa

Estic llegint "La Reserva", de Russell Banks, i m´agrada. L´editorial es Bruguera, la que dirigeix la Moix, Ana María. En el llibre es parla dels milicians nordamericans a la guerra civil espanyola. I de Robert Capa, per suposat. El milicià que, mort, encara tira bombes per què s´acabin les bombes. Darrerament estic mostrant-me molt ingènua respecte als temes gruixuts com les guerres. Una mica bleda rebullida, potser, però no em desagrada, em surt així. Hi va haber un temps que parlavem molt de guerres i de no guerres. Flower power o power to the people i punk per la patilla i no hi havia masses guerres. I ara que per tot esclaten i acabarem anant com la gent de la foto, esgarrifats, mirant al cel, no se´n parla tant. L´atur, aquesta altra guerra. Sento que alguns amics i coneguts, per no parlar de l´atur i de les guerres i la hipoteca. Per no parlar de l´ implicació o l´ indiferència, parlen d´amor, busquen amor desesperats, busquen sexe també molt desesperats, busquen agradar, seduïr, encara que els hi esclati un no a la cara, com si a força de cercar mans que els toquin o els facin sentir i NOMES AIXó o quassi tota la seva vida lliurada a AIXÓ, els mantingués al mon amb una sola idea. Es el que sento i no ho havia sentit mai tant aprop meu, menys els quatre egos malaltissos de tota escena vital. Per ells, els que cerquen l´amor com una almoïna o com un absolut, hauría d´haver posat la foto de Robert Capa del petó, però jo estic bleda rebullida i m´agrada aquesta idea de realitat que no em fuig ( i que no em fugi) encara que l´amor també m´omple i m´omple i m´omple i per tot miro al cel i al zel.

Paraules per la Júlia

si "el gallet de la perdiu ara plora ara riu"
com escrivia la Moix boja pel "dulce Jim",
¿qui ho sap millor que tú?
que tens nom de novel.la,
i tot el que això vol dir
pels bons entenedors
excloïent els malparits.
Filla de la imaginació,
del talent de "vaya dos",
d´un amor paranormal,
excesiu i atormentat
que no entrava en els manuals
per què es cosa molt humana
estimar fins a flipar.

Les coses que fa la rima,
no les té el vers lliurat,
a la estupenda anarquia
de les paraules volant,
però te fa un aire molt flamenc;
tanta rima no fa grima;
seguidillas o rumbeta:
Lorca, vina, fem un nen,
que la nena ja la tinc
i no pot ser més bella flor,
lluna plena, gavinet,
pot de mel, gruix de cotó,
llangardaix o canó al ventre,
la vainilla i la passió,
un motor que dona ales
ben guaitada per un ángel,
un paio entremaliat
que no volía fer guarda
i li estampá una flor al cul,
tot just nèixer a la criatura,
de pétals d´amor la flor,
digna d´ intuicïó,
ánalisis, precaució,
cim de l´ànima més gran
que perdona i sap dir no
tot matant el escurçó.
I entre l´ ángel desmadrat,
-padrí dels cels planetaris-,
i les ondes que li envio,
 - bulería improvitsada-
ha de tenir un camí ras,
com mereix una donzella
que no s´arruga per res
si no es a l´habitació,
sola com un pollet,
en un altra dimensió,
que això ja es cosa molt íntima
i a vegades es de dos.