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Sant Esteve, el Comandante de Navío y el Tió




"Cuando no puedes seguir avanzando tienes que hacer un bordo, un cambio de trayecto. Así se llama en términos marinos. Hay bordos en los que te dejas el corazón, las expectativas, los cálculos, aunque se han ganado muchas regatas por tener que hacer un bordo. El buen marino no debe pensar que ha perdido al verse obligado a hacer un bordo. El buen marino no puede ni debe permitirse pensar en lo que ha dejado atrás, si no en el trabajo que tiene por delante", me contaba, estos últimos meses de vernos mucho, de hablar hasta muy tarde y reír con los amigos, un comandante de navío que se ha ido de este mundo porque ha hecho un bordo. Estos últimos meses, con el amigo y el recuerdo de su amada y su familia y la mía, de sus amigos y los míos; han sido de gran felicidad, a pesar de la amenaza, el dolor y lo previsible de su bordo.
No es un recurso literario ni la perversión de los sentimientos. La felicidad es un instante, tres, cinco, veinte, mil instantes. Un sólo redondel de todo el confetti lanzado, aquél momento en que todo se olvida o todo se rememora y se podría fijar, detener en el tiempo, si supiéramos hacerlo, que no sabemos.
El comandante ha dejado trabajo por hacer, mucho; deberemos seguir haciéndolo con mucho agrado, pero también ha dejado tantísimo trabajo hecho que el placer es mío y de su gente, a quienes nos ha dado una gran lección de amor, dignidad y plenitud. Sin histrionismos, sin hacer ruido, pero con la risa benefactora y la exaltación emocional que la música nos concede.
De momento, y en términos objetivos, el comandante puso encima de los escenarios de la World Race, a dos artistas de mi familia; a la Cathy Claret, madre de mi ahijada Teresita; -que bailará y a mi se me caerá la baba orgullosa estalactita invisible, motorcito de sonrisas-, y a Sílvia Comes, amiga hasta el tuétano, que estrenará banda y dice comandante y dice gasolina y dice bien. Los conciertos son los días 27 y 3 respectivamente, por si queréis ir haciendo agenda.
Sin entrar en temas muy personales, sólo trazándolos un poquito, he de decir que a mí me puso un cohete en el mismísimo, hablando clarito y con la debida delicadeza que da la amistad, olvidándose de su bordo y obligándome a que yo hiciera el mío, en la vida, sí, pero un bordo al fin. Para ganar regatas.
Así que en el día de Sant Esteve, que hoy celebramos en Catalunya (hasta que el Tribunal Supremo lo permita y no no meta entre rejas a los canelones junto a Garzón) voy a disfrutar mas que nunca de los garrotazos que los niños le pegan a un pedazo de tronco turulato que caga orinales de pan de higo, carbón azucarado y lápices de colores ( tros de soca estabornida pels cops de bastons dels nens, caga orinals de pà de figa, carbó ensucrat i llàpiços de colors) de nombre Tió, una suerte de naturaleza muerta y mágica. Porque, así como la felicidad es sólo un instante y puede durar mucho, la muerte, -esa gran putada de la vida-, también nos da momentos para la magia. Es un certeza interior muy grande. Mágico habrá sido el encuentro entre el comandante de navío y su amada ( la misma paz en la vida cómo en la muerte) en el cual habrán creado una nueva energía, que ha de llover como una nueva suerte de electricidad, que es lo que somos, sólo que con ella, unos prenden calor de hogar para todos y otros prenden fuego. Larga vida a la magia y la amistad toda.

Espejos


Tengo un amigo de natural mandón que me dice que cuando escriba en el blog no cite a la gente. Que a si fue pepito o menganito quién me dijo "qué" para conducirme "a", a él, como lector, no le aporta nada. Que lo que le aporta es lo que cuento. Cada uno tiene su propio punto de vista sobre las cosas. Lo importante es nombrarlo. A mí, por ejemplo, el otro día me llamaron rubia. Y me llamaron mas, me dijeron que con los rayos centelleantes de mi dorada melena, puedo llegar a joder la vista ajena. Vale, bueno. Lo importante es que me dijeran algo. La palabra es la que te sitúa. Luego, igual te pones a hurgar en la cosa y acabas admitiendo lo que te dice otro colega ;-el que guarda en dos cigas todo el tiempo transcurrido en común desde los diecisiete años-; y lo que te dice tu misma experiencia, que siempre me habían reprochado un moreno demasiado intenso, e, incluso, con la edad, hay quién me ha puesto en brete el color oscuro del tinte. Aunque no te reconozcas en el retrato, la palabra te sitúa. Una palabrita y nada mas, por mis churumbeles, luego, si quiere le leeré la mano...

El amigo que dice que no diga nombres se llama Alfonso y es nada menos que el cuñado de Montse Renom, prestigiosa pediatra que nos ( éramos cuatro mujeres charlando hasta altísimas horas de la madrugada) contó lo de las células espejo. Las células mirror. Antes de contar lo que eran, Montse nos contó lo que no eran, o mejor dicho, nos dijo que no deberíamos confundirlas con las del deseo, o al menos, desecharlas como tal si no se trata de un deseo boumerang de los que crecen hogueras. Un célula espejo, muchas células espejo de uno, se mira en las células espejo del otro y se gustan. Estos jodidos científicos nos están recortando la capacidad de elección a marchas forzadas. Sublime la frase que Punset ha escrito para una camiseta. Este es el slogan que si quieres, puedes llevar colgado en tu pecho. Lo cito de memoria. "¿Quién eres? Tus células no lo saben". Imagino una versión mas gore: "¿Quién coño te crees que eres si hasta tus células pasan de ti?"
Con lo fácil que es sentirse poca cosa, con el cólera arrasando en Haití y nosotros aquí, contando las monedas que nos quedan para comprar la liana del árbol de navidad, y ya sólo nos faltaba el dictamen de los que saben bien de que va la cosa de adentro y del magín. Somos un suspiro, si es que llegamos a tanto, pero si existe la ventura de tener cierta armonía celular afectiva, podemos llegar a ser poco mas que nada y un suspiro: Somos células espejo en las que nos reflejamos para agradar o para desagradar. ¿No os ha pasado eso de que véis a alguien y ya le estarías rodeando el hombro con el brazo? La versión negativa no la describo, que hoy es día de abstinencia, de ayuno, de malpensamiento unidireccional ( de uno mismo hacia si mismo. De uno a la célula del votar mañana) y daría ideas.
Poéticamente no acabo de ver cómo dará el asunto de las células espejo. En el tema de amoríos, la frase de "tirar los tejos" no acabó de cuajar en la poesía. Demasiado prosaica.
El espejo, antes del hallazgo científico, ha sido un recurso poético del mil, exagerado. Para nombrar el amor erótico, para nombrar la amistad, los desacuerdos, los líos, los ovillos de las melenas de las rubias y la compañía que me hace mi gato. Sus ojos, cómo un espejo.
Añadir la palabra célula a la poesía será una osadía. Por si acaso, me da por ensayar, partiendo de la base del nuevo mas que nuevo y neo lenguaje poético actual de la descripción, que no es tan nuevo ( ver el Heroin de Lou Reed) pero sigue siendo actual.



Mis células espejo andaban agitadas,
el voltímetro me dio la medida
debías de andar cerca,
sólo que no te conocía,
no sabía quién eras
y cuando te vi
no podía dar crédito,
ni aval,
ni firmar nada,
mis abogados no me lo permiten,
nos han deshauciado tantas veces
que los niños se creen que viven en los escaparates:
"Esta cama es la que tuve el año pasado",
dicen.

Cuando te tuve delante
supe que eras tu
porque venías
con la lírica de otros tiempos
y la acuciante necesidad de vivir el instante:
Rimbaud: Mojar en el vino la cabellera.
El poeta no dijo de qué color.
Yo creo que era rubia.

Las células espejo
no paran de molestarme,
bloquean el intestino.
Hay mucha gente
que tiene las mismas que yo.
Ambos lo sentimos.
Las cosas son mas fáciles
desde que se que existen,
y cada noche,
antes de dormirme,
le doy gracias a la ciencia
y exorcizo a tu oftalmólogo.










Collage sobre Octubre que ya pasó



Cómo es ingeniero naval, capitán de barco, capitán de puertos, guitarrista, rockero, sabe que todos venimos del pez y quizás por eso, porque lo sabe muy de adentro, porque conoce a los peces, a los loros y a los seres humanos, disfruta (como no podría ser de otra manera en un hombre de mar) como pocos, de la amistad.
Yo ( ya vuelvo a hablar de mí. Los que me leéis ya sabéis de que va y los que no, bueno, no es nada como para realizar ninguna investigación) que me había apuntado a una terapia moderna de cepillado de cebras de paso de peatones para bajar mi intensidad emocional a través del trabajo repetitivo, estoy, desde hace un tiempo, y gracias a Alfonso, cantando todo el día la canción de Fito Páez, aquella tan bonita de bello estribillo: "¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a entregar mi corazón."
El otro día, en su casa, me encontré a una "ídola" de primerísima juventud; a Paz Canals, la que fue mano derecha de Gay Mercader en los primeros conciertos de rock, que eran muchos y casi siempre en el Pabellón de Deportes de Badalona. Los rockeros del mundo, o al menos los de Barcelona y Madrid, sabéis de quién estoy hablando. Era un tiempo en que todos mis amigos eran jovencísimos y Paz andaba de aquí para allá, cabreándose con Lou Reed o acompañando a los Rolling Stones. Yo, que por entonces empezaba a colaborar en el Popu, no siempre tenía entradas para los conciertos. Si no lo cubría, no había papel de acceso. Y aquí llegaba Paz, porque a Gay no se le veía el pelo hasta acabar los conciertos. A Paz había que darle mucho la vara para que te diera una entrada (éramos unos cuantos y siempre los mismos ¿Verdad Loquilloooooooo?) El caso es que ella siempre comenzaba diciendo que no daba nada  y preguntando y exclamando a la vez un ¿Por que no os vais a dormir? nada dulce, pero siempre  acababa por colarnos a través de cualquier túnel de acceso.
Me encantó reencontrarla. Está divina físicamente y ya no le queda aquella acritud de productora agresiva lidiando con descerebrados. Ella me reconoció que nos veía como unos niños pesados. Y que en Madrid, los pesados, eran Alaska, Berlanga y el gran Bernardo Bonezzi, a los que también recordaba como para dar el biberón en lugar de estar fuera de casa por la noche.
Bueno, esto son anécdotas de la abuela que alegran a la abuela ¿Qué queréis que os diga? Tengo ganas de reencontrarla en breve y hablar mucho con ella y con Alfonso.
Paz también se ha convertido en un brazo de mar y ha aprehendido, como su amigo y mi amigo Alfonso, que todos venimos del pez, quizás por eso, parece que nada de lo humano les sea ajeno a ninguno de los dos. No es sólo una frase ni un vitoreo. Hay una hondura en sus palabras, una profundidad en sus miradas, una risa que estalla y vuelve a estallar y se dispersa, que les confirma como grandiosas personas y además, para goce personal, en lo mejor que me ha pasado este mes de Octubre, que como todos los meses de Octubre ( ya acabó) son crueles y me evocan un poema que escribí (NECESARIAMENTE)  unos años después de darle la vara a Paz, cuando ya entrábamos a los conciertos por méritos propios.
 El poema, del que no logro acordarme para bien transcribirlo, era para un chaval que también iba a todos los conciertos, que venía del pez, que era intenso y quiso abastar la inmensidad del mar. Nada como para realizar una investigación. Una historia común en las historias personales de todos aquellos que necesitamos terapias de peinado de cebras para rebajar lo del querer, si es que se puede y si es necesario, que todavía no lo se.

(Este post va por Dani Navarrete, que era un punki aguileño y llevaba gafas de no ver y al que he reencontrado por el féis cuando Octubre del 86, acababa de pasar, cómo este del 2010. Por fin) 

BET FIGUERAS Y EL AMOR

Una flor del Jardín Botánico de Barcelona, una de las grandes obras de Bet Figueras.
Esta última semana ha sido de escribir poco. He de enmedarme o tendré que dejar de fabular con un blog esponsorizado: "Por Durruti o la Luxemburgo", que dice mi hija, la animosa, cuando comparto mi quimera.
La semana anterior a la anterior abrí un periódico, ví una foto ( muy bella)  leí un artículo en el que se comunicaba la muerte de Bet Figueras a la vez que se comentaba el gran legado profesional  que ha dejado (mira en Google y flipa) y me anudé toda. Como no quería seguir compartiendo martillazos con vosotros, dejé de escribir. Pero la vida rula y con su brisa da la vuelta al calcetín. Esta vez estuve ahí para verlo.
A Bet la conocí poco y siempre para ir de fiesta, pero fue suficiente, porque ella supo entrar en lo mío como aquél por su casa. El sentimiento es figurado y muy profundo.
De gran calado su enorme empatía, la delicadeza y aquél abocarse a sacar punta a todo con el humor bendito, aunque lo que siempre me gustó de ella ( otros hablarán de su obra) era el modo que tenía de vivir su amor de pareja, de unión, al traspasarla al mundo de afuera. Claro que en eso no andaba sola; tenía a Alfonso, que lo hacía con la misma naturalidad que ella. 
Porque el amor se vive para adentro y para afuera; no hay dos sin tres. No hay dos sin mundo. Es igual que estés solo o con pareja. Hay parejas rotundas como un bunker que hieren a los viandantes a su paso y otras por las que aplaudes sin cesar y te dan vidilla.
Bet y Alfonso formaban una pareja que se multiplicaba, siendo cada uno cada cuál. 
Por eso, un día de la pasada semana, cuando tuve la oportunidad de pasar por casa de Alfonso; ahí que fui.´ El estaba triste como no podía ser de otro manera, y sin embargo, a pesar del doloroso duelo y a pesar de la tristeza (o con ella a a cuestas) supo ir dando la vuelta al calcetín del dolor por la ausencia de su amada, y volvió a compartir aquél amor que sentía por ella y en su longitud, por las cosas y los seres del mundo.
Estoy segura que la suya; -la de Bet y Alfonso-, es una de las historias de amor mas bellas que Barcelona ha tenido. Lo digo sin exagerar y que se aparten los cursis.
De casa de Alfonso, donde los niños estudiaban, me fui contenta a pesar del estacazo. Contenta de poder celebrar en tiempos oscuros, el amor, el compromiso y la dignidad. Se lo dije a él; no para echar sal sobre la herida, si no para viturear la vida.
Beth podía temerse una entrada sobre ella en mi blog porque siempre que podía le mandaba postales. Habría reído con aquella sonrisa medía sandía de luz que pinta Nazario y le habría dicho a Alfonso, a su amor, que lo leyera. El amor que la muerte no mata.