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Culos


Disculpadme si hoy, triste pero animada, párpados caídos pero contenta, vengo a dar la vara con lo mío. Como siempre, pero un poco más.
Hay que estar al loro de lo que pasa en el mundo. De lo que nos están haciendo pasar. Hay que ir sacando las posaderas del diván. Ya lo dijo Coco Chanel. A partir de cierta edad hay que escoger entre cara o culo. Hoy la frase admite extender los tiempos. A todas las edades hay que escoger culo. La cara para darla y mirar a los ojos. Y  el culo siempre magro, puro músculo en movimiento para que no nos alcancen.
Mi natural suertudo hace que me levante de la cama muy pronto y me encuentre la casa llena de culos fantásticos, duros como una piedra, y de caras como corazones.
Todo el mundo duerme y primero me da un respingo interior. Necesito soledad. Voy a mandar a los culos a tomar la calle. Apaciguo el respingo del gran egoísmo, sintiendo el calor de ayer, hasta bien entrada la noche, con las caras y los culos dando brincos y alegría. No sé si ha sido una estratagema de mi hija para que no me pille el síndrome del nido vacío.  ¿Cómo lo llevas, mami? Una segunda juventud. Una segunda y nada más. Nada más y nada menos. Nos reímos.
Bueno, no ha sido eso. No ha habido estrategias. Las cosas surgen así, de natural misterioso.
Primero me cayó un ángel rumano cuando más lo necesitaba. Mi hijo. Lo adopté hace más de diez años, con dieciocho suyos, y aunque nunca hemos perdido el contacto, porqué los hijos son un SOS imprevisible, volvió hace poco  para quedarse un tiempo. Mi madre se puso muy contenta de poder besarle de nuevo. ¿Cómo andas? Una mujer me ha roto el corazón. Para eso están. Y se rieron.
Los otros dos culos pertenecen al sexo femenino. Son de dos amigas de mi hija que ahora también lo son mías. Una es negra africana catalana que anda con la majestuosidad de la Campbell y la echan del metro por respondona. ¿Qué pasa, ahora nadie dice nada? Mucha solidaridad pero todos vais a vuestra bola, cobardes.
La otra es mitad japonesa, mitad brasileña. Ved que significo lo racial, lo exótico, como los progres de la discriminación positiva. Yo solo lo hago para vacilar y darle envidia a Angelina Jolie, que si ahora me viera ahora escribiendo, con todos los culos de distintos colores retozando, podría verse a sí misma un poco más mayor. Ya he dicho que estoy animada y animosa.
Mi niña japo ha terminado Diseño de Moda, como mi niña negra, y están aquí porque hoy he de darles clases de historia, que es el crédito que les falta para la obtención de la medalla ¿Qué alma seca cambió la palabra aprobado o suspenso de asignatura por la palabra crédito? Hay que estar al loro del mundo de afuera. ¿Qué  alma que no sea ingenua puede pensar que le podré dar, acertadamente, clases de historia? ¿No serán clases de historia de la moda? No, son de historia y nada más. Ah, vale, aunque creo que Isabel la Católica llevaba gayumbos.
Pasaré el día entre culos recios trotando por casa. En algún momento les pediré que chisten. El gallo canta y las gallinas corean. Y al revés. Sé que si ayer les necesité y me agrandaron el alma hoy debo dar lo mío. Las cosas son así. El toma y daca. Ayer, otros dos amigos que vinieron (vivo en una casa con calle, no en los feudos imaginarios de Garcia-Albiol y otra mala bestia de  la Fabra) más maduros, culos de mal asiento y posadera que te necesito posadera que está, sacaron a colación el tema de los despropósitos verbales del convencionalismo  hipócrita en momentos de duelo. Tíos, tengo ganas de Nutella. ¿A estas horas? ¿Cuánta gente te ha dicho estos días que los llames para todo cuánto necesites? Mogollón. Pues llama a alguno de estos o estas y pídeles un pote de Nutella. ¿A estas horas? No  haberse ofrecido. Y viendo que nadie venía, uno de ellos sacó una bolsa medio rota de la tienda del paki de abajo y me dio uno de Nocilla. Un pote. No es lo mismo, pero ahí lo tienes. Es mucho mejor. Culo tieso, trae el pan de molde de la cocina, que la vamos a liar. Y la liamos.
Hay que estar al loro de lo que pasa en el mundo y de lo que pasa en las casas.  

Los mocos y la Roja


De tanto estar junto a mi madre hago unas asociaciones de ideas y emociones muy peregrinas y muy empapadas de linimento Froit, pero la que voy a contar ya la hice en su día, siendo muy niña y a raíz de un cuento que me regaló ella. El cuento se llamaba “Totó no quiere dormir” y estaba ilustrado con fotografías de un bebé guapo y hermosote que la liaba mucho a la hora de ir a la cama. Supongo que el cuento quería tener un efecto terapéutico, porque se ve que servidora jodía bastante por las noches, pero yo, que entonces ya debía de ser "rencollonita", que dicen los italianos, no lo pillé y pasé a tenerle manía al chaval y al cuento, de modo que no quería que me lo leyeran ni leerlo yo.
Es lo que pasa con ciertas exageraciones y cuentos, que al superar la realidad de un modo muy abrupto, acaban por decepcionar y no sirven ni para ponernos en entredicho. Basta con mirar alrededor.
A Totó, el niño, se ve que no lo olvidé nunca, porque siendo mi hija y su hermanastro muy pequeños, en su primer o segundo año de acudir al DolorsMonserdàSantapaudeSarrià, el colegio con el nombre más largo del mundo, un día vi a un chavalillo con el que se avenían mucho los dos y me dije, anda, si es igual que Totó.
Con el tiempo supe que el reencontrado Totó se llamaba Jordi y que además de practicar con gracia y donaire el “ball de bastons” en las fiestas de fin de curso, enfundado en unas fajas rojas que a niñas y niños les cubrían desde el sobre culo al cuello, jugaba al fútbol en el equipo del cole.
Esto último lo tuve que soportar y a veces disfrutar, las lentas mañanas de sábado, bajo un frío o bajo un sol de justicia, en campo ajeno u propio. Eran unos partidos en los que el deseo de pelota de los jugadores pasaba a ser un deseo pocas veces culminado, en donde los chavalillos eran capaces de encajar veintitrés goles y seguir gritando oé oé oé, convencidos de que en el partido de vuelta, “acabarían” con el rival.
Se ve que Jordi, -Totó para mí-, jugaba muy bien, algo que no fui capaz de detectar. Lo que si supe y soporté estoicamente fueron los llantos de los pequeños que un día vinieron a casa descoloridos porque Jordi se iba del cole. Le había fichado el Cornellá. Los peques lloraban y lloraban. No le volveremos a ver más, decían. Eran muy buenos amigos.
Lo de fichar por el Cornellá, a mí, que me quedé sin entender el mundo de la exageración que no fuera por la vía de la imaginación escrita y pocas veces por la fotografía realista, me pareció una forma de decir algo para justificar el adiós. El niño Jordi era muy chico y nunca logré imaginarlo en la cantera del club de fútbol de una ciudad que hasta aquél momento sólo veía como una suerte de esperanza para la lucha social y nunca cómo un depósito de futuros deportistas de élite. A los treinta y tantos seguía obtusa.
Hoy, estando al lado de mi madre, procurando pasar de deshilachar recuerdos, ideas y emociones, he pillado el País y me he encontrado con Totó, con Jordi Alba, vestido con la camiseta de la Roja. He leído la entrevista que le hacían. Parece listo. Lo era cuando le formaron el disco duro, así que habrá ido creciendo en su dirección.
Al otro lado del teléfono, mi hija, que navega que navegarás, me ha dicho, que ya debía de saberlo. Le he preguntado qué es lo que tenía que saber. Me ha dicho que ya me había contado que Jordi Alba jugaba con el Valencia. Le he respondido que no le estaba hablando del Valencia, si no de la Roja, que es un paso más. Y Júlia ha exclamado un efusivo, me alegro mucho por él. No he querido recordarle aquellos partidos interminables donde los jugadores, cuando se caían, se iban a llorar al regazo de mamá
Y las madres, cuando los chavales se caían y gemían despavoridos, hacíamos un paso hacia adelante, que el entrenador, muy ducho y maduro, nos paraba con un guiño.
Tampoco le he hablado de Totó, aunque sé que en su día lo hice. Ni de las fiestas de fin de curso. Ni tampoco de este sentimiento medio bobo que consiste en sentirse orgulloso de lo que ha conseguido alguien a quien un día le quitaste los mocos. Le tapabas un orificio de la nariz con un pañuelo y le decías, dale fuerte. Luego el otro. Y el crío le volvía a dar fuerte. Los mocos unen. He seguido leyendo el periódico al lado de mi madre mientras ella dormía.

Salirnos con la nuestra


                                                                    Lucian Freud

Tras días desaparecida en estas lides de internet y sin que me venga nada más a la cabeza que sacar punta a las ametralladoras que no tengo ni quiero tener, transcribo el encuentro entre A,- mi hija-, y B, -yo misma-, esta misma mañana, pelando papas en la cocina, tratando de fijar un lugar agradable en esta realidad social de la gran impotencia mientras voy aplicándome linimento Sloan en las piernas y en los músculos previendo la acción en la que hemos de entrar ya mismo si no queremos que los muy bestias se salgan con la suya.

A-Me ha dicho la Vivi por el chat que la tienes preocupada
B-¿Te ha dicho el qué?
A-Será  porque no escribes en el blog.
B-Ya.
A-¿Por qué no escribes?
B-¿Cuántas veces hemos coincido en casa las dos últimas semanas?
A-Aunque vayas de  culo tienes que tener tiempo para lo tuyo.
B-Mira quién lo dice.
A-Te lo digo yo porque me lo enseñaste tú.
B-No siempre se enseña lo que se sabe hacer.
A-Y no siempre se aprende lo que te enseñan.
B-Por cierto, todavía no te he comprado libro para San Jordi.
A-Déjalo, mejor déjame unos eurillos y me compro maquillaje.
B-¿Para San Jordi?
A-Pero si ya estamos en San Juan.
B-La tradición es la tradición.
A-Flipo de oírte decir esto, Bonet.
B-No me llames Bonet.
A-Tu me pusiste un nombre para toda la vida y yo no te puedo llamar por el apellido.
B-El respeto.
A- Hay niños que deberían perderles el respeto a sus padres desde que les ponen nombre.
B-No lo dirás por ti.
A-No, el mío me gusta, sólo que lo sacaste de la novela más triste del mundo.
B-Julia, de la Moix.
A-Conozco mis orígenes.
B-Pero si tú no paras de recomendar su libro Manifiesto Personal a todo el mundo.
A-Es que el Manifiesto no es triste.
B-No, es descarnado, para cortarse las venas y no parar nunca.
A-Pero es lo que hay.
B-Una novela también es lo que hay.
A- Más la olla del autor.
B-Una novela no mata, la historia sí.
A-Mira la que le cayó a la de Salinger.
B-Chorradas.
A-Si tengo un hijo varón le pondré Ripley.
B-No me harás una putada así.
A-A ti no, se la haré a él.
B-¿Estás preñada?
A-Boneetttttttttt!!!!
B-Eres  capaz.
A-¿De ponerle Ripley a un niño?
B-No, de estar preñada.
A-Soy capaz de todo. Si es niña le pondré Tradición.
B-¿Te acuerdas de aquella vecina que se llamaba Autonomía?
A-No era vecina, era mi profe de ajedrez. La Auto.
B-Ahora que quieren desmantelarlas a lo mejor la quitan de la Seguridad Social.
A-Y matarán a todas las Libertades en el paredón.
B-No seas gore.
A-Las matará mi hijo, el Ripley.
B- Se te va la olla.
A- Volviendo a lo nuestro ¿Me comprarás maquillaje en lugar de un libro?
B-No.
A- La necesidad está por encima de la tradición.
B-La cultura es una necesidad.
A-Si tenemos mogollón.
B-¿De cultura?
A- De libros.
B-Pareces frívola y nada más.
A-Ya te he dicho que te haría quedar mal si hablábamos para el blog.
B-Hablamos para el blog y para la vida.
A-A mi no me líes. Para una cosa o para la otra.
B-Yo no distingo.
A-Así te va.
B-Pero si tú no escribes en el blog.
A-No, pero me dejo usurpar.
B-Pues digamos la verdad.
A-Ahora mismo prefiero el maquillaje a un libro.
B-Dilo de otro modo.
A-Tu quieres que diga que leo mucho y encima me maquillo.
B-Claro que sí.
A-Cada vez te importa más quedar bien.
B-Por una vez que puedo...
A- Ya, pero no me utilices, queda bien por ti misma.
B-Señoras y señores, he criado una hija que me pide maquillaje por San Jordi.
A-Esto es rocanrol.
B-Esto es una putada.
A-Es lo que hay. Sin ollas.
B-Igual me hago una.
A-No, déjalo así. La verdad es una sola.
B-Y una mierda.
A-Oye, palabras soeces no.
B-¿Para  el blog?
A-Tu blog me importa un pito.
B-Entonces déjame que escriba lo que quiera.
A-Si hablas de mi escribe la verdad.
B-Tú y la verdad.
A-Soy realista.
B-Y yo.
A-No flipes.
B-No se puede criar a nadie si no eres realista.
A-Cuenta que me dabas de comer trozos de vinilo.
B-Esto es la leyenda.
A-Déjalo en un cuentecillo local.
B- Te voy a comprar un libro por Sant Jordi.
A-Si ya ha pasado el día.
B- Es igual.
A-Bueno. Y yo, con el dinero que me tenía que gastar en el tuyo, me compraré maquillaje.
B-Siempre te sales con la tuya.
A-Y tú.

bye, bye, Amy Winehouse




No era una artista hecha a medida de nadie ni de nada, ni la ha matado la industria discográfica. Ni el mundillo musical. Más bien fue ella quien puso fin a las grandes ventas de las compañías discográficas, pero lo hizo como han de hacerse estas cosas; vendiendo mucho, gustando a casi todos, conciliando los gustos de muchas generaciones, a melómanos de todos los estilos y tantos otros despistados.
Amy era una gran mujer en un cuerpo pequeño, que, encima, no se gustaba. El éxito le vino muy rápido. Le llegó al mismo tiempo que la vida, vida; cuando has de aprender a conciliar qué quieres ser, como quieres que te vean los demás y que es lo que te gusta de verdad. ¿Quién puede gestionar un éxito social antes de haberse dado los primeros arrullos y colgarse las primeras medallas? Si eres débil (debilidad es duda y adicción, huída) y no te pone el brillo de los lingotes de oro, puede resultar muy difícil. Quizás acabo de clavar una púa explicativa sobre el maldito club de los veintisiete, pero tanto me da. No sabéis como odio a este club y con qué malos modos me encararía a él si pudiera. Todos tenemos amigos muertos a los veintisiete. O amigos muertos jóvenes y basta.
Cuando morían nuestros amigos, como ayer lo hizo Amy, no nos parecían tan jóvenes como hoy nos lo parece esta chiquilla que se crecía en los escenarios, con su voz profunda de contralto, haciendo guiños al reggae y al ska, desde el jazz de su infancia al soul que la encumbró. Una tristeza de ¿Por qué no podemos parar este tipo de muertes que vienen obscenas, flirteando? que me viene de cuando yo también era joven, me ha sobrevenido estos días. La he dejado pasar escuchando mucho a Amy Winehouse y no, no no. Venga a hacerle coros: Nou, Nou, Nou.
Lo curioso es que la muerte de la cantante inglesa de procedencia judía, haya acontecido el mismo fin de semana que los chicos del 15-M han llegado a Madrid. Mi hija, que no me llama nunca y menos cuando se larga, -como le corresponde por filiación-, me ha llegado a llamar por cosas bien nimias. Quería trasmitirme su emoción. En una de estas ha salido el tema de la muerte de Amy Winehouse: “Estarás un poco turbada”, me ha dicho. Le he respondido que creía que ella también. Me ha respondido que sí, a pesar de que lo sentía como una muerte muy anunciada. Y ha terminado por preguntarme ¿Qué edad tenía?
Los dos discos de Winehouse son de los pocos que podemos compartir sin pedir tanda para el siguiente cuando coincidimos en casa.
Descanse en paz y en la gloria más alta y que nos mande pajarillos del nido de su moño. Pájaros que canten y duden.





Al monte a pasear


Nos unen los enanitos. Además del sentimiento, que es abstracto y no se toca, ni se ve, ni se huele a menos que se entre en trance; -lo cual es posible pero poco recomendable en una sociedad en la que algunos padres de familia se libran a la muerte por no soportar verse con su familia en la calle-, a nosotros nos unen los enanitos, la fe en los ángeles y la salivación que nos produce ir a hincar el diente en carne no hormonada que se ha asado al calor de la barbacoa de unos amigos.
Los enanitos, con sus poderes mágicos, su dedicación al trabajo, su alegría y sus canciones unen a gente qué, a priori y mas allá de lo aparentemente formal, no tenemos nada que ver de no ser por la pura fisiología que nos distingue como seres humanos.
A esta enorme conclusión, inmensa cómo el vaho del aliento de un niño contra un cristal en el que dibujará rayotes, llegué ayer, a mi edad y con estos pelos ( me toca tinte) después de pasar un precioso día en casa de unos amigos (son dos) en el que reina una amiga ( la Mireyet) modelaza de tres metros de altura, morenaza, generosa y divina, que baila claqué por un bolso de Gucci y mostrándome un trapo negro de un palmo, me dice cosas tan marcianas cómo: “Mira, todo está ropa dásela a tu hija que a mí no me cabe. Este top es divino, me costó trescientos euracos porque tiene este bordado y queda ideal.”
Nunca había sabido (abstracciones sentimentales aparte) qué narices me unía a esta mujer joven de treinta años y al amigo de menos de treinta que es amigo de ambas, del que tanto alardeo y que tanto me ayuda y tiene un coche fantástico, donde cuando no viaja con su pareja, pasea a Miss Daisy, que soy yo.
Los tres trabajábamos juntos en una empresa muy fardona del Paseo de Gracia que se fue al garete de la incompetencia y el coge el dinero y corre de unos jefes codiciosos. Éramos muchos y quedamos los tres, unidos en el paso del tiempo. El porqué lo supe ayer. Nos unen los enanitos.
En casa siempre hemos tenido. Sólo mi hija los vio, de niña, varias tardes en los que trató con ellos y los empujó por el tobogán con un dedito, pero yo nunca los he visto. A veces, al abrir la puerta, cuando la Júlia era pequeña, me decía ¿ves? y entonces yo veía una sombra que pasaba rauda y veloz y eran, -según la niña y que no lo dude nadie-, ellos que se escapaban después de habernos guardado la casa con esmero en nuestra ausencia.
Mireyet, la modelaza, también tiene enanitos en la suya. Y del Lluís ¿qué deciros? Que les da cosas muy bellas para que no le crezcan y a veces se le ponen a trabajar, con pico y pala diminutos por su espina dorsal. Arriba y abajo.
Otra amiga dinamita roquera, La Reyes Torío, fue pionera ( antes de que estuviera de moda) en montar un grupo de gente que liberaba enanitos de la casas y los llevaba al bosque, a su hábitat natural. Tuvo un gran predicamento y fue antes de la crisis.
Cada cual hace lo que quiere con los enanitos, la cuestión es tenerlos en cuenta, saber que están y darles su espacio. Ellos nos unen.
En la tarde de ayer, además de la modelaza amiga, el amigo modelo y el bello marido de mi amiga, coincidimos una peña de lo más dispar. Las humanas reticencias después de las presentaciones, se fueron despejando gracias a los enanitos, en los que todos creían, no cómo acto de fe, si no por la compañía que nos hacen.
Llegar a tamaña conclusión, a mi edad (es mejor tarde que nunca) me llenó de gozo. Por si acaso ya he plantado un abeto minúsculo entre baldosas, aunque solo sea para devolverles a los enanos lo que es suyo, un bienestar que nos vienen procurando desde hace años y que consiste en unir a personas aparentemente antagónicas, aunque a veces nos pongan en duros bretes, porque la cuestión que plantean los muy jodidos es: “¿Si crees en nosotros, cómo no vas a creer en los seres humanos?”
Aibo aibo, dijo ayer la Mireyet con la mano extendida cuando pillamos el coche para volver a Barcelona y su chico nos hacía de guía montado en una moto. Aibo, aibo, a casa a descansar.





El poeta Jordi Guardans con veinte años. Foto de carles Guillén Selva

Entonces, -hablo de mucho tiempo atrás, cuando las bicicletas se llamaban BH o se llamaban o Orbea o no se llamaban nada o muy impronunciable-, para ser muchos, nos bastaba con tener un fuego que apagar y otros dos por encender. Con esta disposición fueron llegando nuevos días y aprendimos a jugar con todos los elementos, con especial predilección hacia el ser humano, que es agua y es energía y chiribitas o electroshock según sea como metas los dedos en según qué enchufe del alma o de la carne ajena. El amor busca al amor. No paro de decirlo y siempre tengo que citar a Paul Eluard: "El amor busca al amor sin cambiar de rostro."

Hoy, por extrañas casualidades, azares y propósitos de este comienzo de siglo recontra cambalache, donde hasta el desgarro del tango se hace menudo para narrarlo, se me ha vuelto a llenar la casa de gente muy joven con disposición al fuego. A aplacar y a encender. A encender y aplacar. A veces me dan ganas de llamar a todos mis amigos y a algunos que no lo son tanto como para, pero que también me gustarían que vinieran, para presentarles a estos seres pequeños, altos y muy curiosos, a los que les gusta preguntar cosas de imposible respuesta, mientras desmontan los sillones, cantan encima de las sillas y comen patatas fritas con auténtico deleite.

Si no fuera porque esta semana no he publicado en el blog y ahora me siento un poco mal conmigo misma por no haberlo hecho, el verbo de esta redacción iría cabalgando más locazo y más certero, que es lo que le ocurre a mi modo de redactar, cuando lo hago pletórica, para bien o para mal. Son cosas del TDAH, supongo. O son cosas de la bestia. No le paro atención más que nada porque no lo sabré nunca, ni así viva cien años.

Los jóvenes, cuya mayor parte son músicos, me van dando a escuchar a otros jóvenes y jolín, hay un nivelazo, sólo que algunos de mi quinta creen que ya está todo inventado o que no hay talento en las reinvenciones. Hay gente que se hace mayor de pronto, a golpe de sentencia, lo cual no malo en sí mismo, sino solo una opción. Yo también ahorraría para un botox o un estiramiento si fueran de varita mágica, pero esta es otra historia.

Leo en el facebook una frase de Sampedro "Los que atacan el movimiento 15-M son el ayer, ellos el mañana." No he cambiado de tema, es a consecuencia del 15-M que la casa se me ha llenado de juventud, pero claro, no tengo disposición para atenderlos cada día, así que los miércoles, a partir de las siete de la tarde, abro la puerta y nos echamos a charlar y a escuchar música o a comer patatas fritas. Se están concretando proyectos, -de aquellos que nacen a espaldas de la crematística y muy cerca de la suma de medios-, que serán muy bellos. No se puede quedar cada miércoles en un sitio y esperar que lo único que ocurra sea un rodar de ombligos. No están los tiempos para esto. Así que os iré informando, del mismo modo que hago extensiva la invitación a quienes tenga a bien venir para sumarse a apagar un fuego y a encender dos más, que es lo único que necesitamos para sentirnos muchos y sentirnos parte.

En todo eso, la realidad muestra unos dientes afilados, un último trabajo en el que me he metido (no las tardes de los miércoles) necesita financiación, de modo que la cosa está dura. Y en estas que pienso poner en marcha algo en lo que vengo pensando desde hace tiempo, en poner publicidad en el blog. Publicidad de cosas que se me avengan. Ya sé que es mucho pedir y cuando hablo de esto siempre me acuerdo de lo que me dijo la rubia que parí cuando se lo comenté "¿Rosa Luxemburgo y Durruti hacen campañas de publicidad?". Por intentarlo que no sea. Me gustaría que me dierais vuestra opinión al respecto. Mañana voy a escribir una entrada como mandan los cánones de los blogs y no este poti-poti ( es así como llamamos en catalán al culo de un saco de Pandora, en el que solo me queda meter a Bob Dylan, que cumplió 70 años y a mi amigo del alma, el poeta Jordi Guardans, con cuya foto, explosión de vida de cuando entonces ( la foto debió ser tomada un par de años después de nuestro primer encuentro, porque en el primer encuentro era casi imberbe y se la hizo "su" Carles) he ilustrado este post. El martes presentamos su último libro, no de poemas, si no de canciones, editado por el Emboscall. Si queréis ver la presentación en directo podéis visitar la página web de esta editorial que contra viento y marea está haciendo el mejor y más loable trabajo a la poesía catalana actual. La medalla se la deben llevar las colecciones de los grandes grupos. Y las subvenciones. Pero no el placer, los deditos en el enchufe de la efímera felicidad. Termino con unas palabras y un afán escrito por "mi" Jordi. Es así como comienza una de sus canciones y es así como me gustaría poder comunicarme con vosotros, sea o no sea miércoles, a cada rato: "M´agradaria poderte parlar / sense paraules/ com campanes."




Cuatro días


Plaça Catalunya, ayer. Fotografía de Colita.



Me da por comenzar a modo de carta que dirijo a quién tenga bien leer y más en concreto a las que nos vino la menstruación y a los que les dio un sarpullido o un calentón, viendo a Ocaña por las Ramblas desembarazándose de ropa y dijimos caray, una picha al aire no es sólo un ejercicio lúdico. Hablo a partir de mi experiencia, que cada cual se sitúe en la suya y en su sitio y todo vale.
Algunos de los de entonces (por querer, solo queríamos pertenecer a los afectos) se quedaron por el camino, iniciando aquél otro del gran interrogante. Otros, se situaron en lugares de poder y poco a poco, el partido les pidió el todo por la parte. Hablaban con evasivas, se fueron escabullendo y dejamos de invitarles a las meriendas. Los demás, los que hacía mil años que no nos veíamos y nos recordábamos bellos; la piel sujeta a la carne, la carne al hueso y el hueso al temblor del ala, nos hemos reunido de nuevo gracias al facebook.
No estamos tan guapos, pero somos la misma forma de entender las cosas. Dejadme hablar de coherencia.
A medida que vamos quedando los unos con los otros y los otros con los unos, nos vamos sabiendo nuevamente jóvenes. No porque rememoremos viejos tiempos, que estas cosas aburren si se alargan y encima no avanzan, si no porque sentimos la misma curiosidad, el mismo pálpito, semejante gratitud hacia las cosas y la gente que nos hicieron y nos hacen felices y una gran indignación que nunca ha cesado y viene de cuando nos apalancamos, sin capacidad de maniobra más que en el entorno inmediato. No sólo nos apalancamos (y ahora hablo por mí) si no que yo también padecí un subidón de mira qué mundo más sibilino e injusto dando bandazos entre dos colores totales, pero no se vive tan mal acallando la voz de la conciencia comprando ropa y lo que me venga en gana. Siempre con el runrún.
Aún así, en mi caso, nunca abandoné el sueño y a falta de otra cosa he logrado mantener, al paso de los años, casas cómo pasillos donde siempre se ha juntado la peña, por otro lado muy respetuosa con los horarios y la tan necesaria soledad.
Hay quién nos llama ingenuos. Escépticos ingenuos descreídos románticos empecinados utópicos locazos que creemos en la amistad, en rectificar, en tratar de alcanzar la felicidad buscando el cromo que nos falta y tenemos cola de paja por tanto rocanrol (no podía ser bueno) y un impulso de tu a mi no me dices eso que te voy a dar en toda la jeta con el aire que mueven mis enaguas al darme la vuelta y largarme del malrollismo que te llena el alma. Perro ladrador.
Hoy estamos indignados. Nuestros hijos también, por el mamoneo en el que han crecido (Mamá ¿Qué es esto del voto útil?) Todos estamos indignados, cabreados, nos sentimos ninguneados por la política y la dictadura del capital. Seguimos diciendo aquello que incluso decíamos cuando tuvimos despachos en la cultura del ocio, como la han dado en dominar los más absurdos, por no reconocer la cultura en un surco de vinilo, en un Cd, en una canción. Ay, las canciones.
Algunos de nosotros pasamos de lograr un confortable bienestar a darnos un mamporrazo en todo el suelo por la caída de la industria y el propio peso del cuerpo. Los que venimos de la música fuimos de los primeros, así que ya hemos ido remontando. La rabia, entonces, no viene del trastabillo (por otro lado, una rabia igual de digna) si no de volver a tomar tierra firme y ver que todo sigue peor. Ha habido tiempo para la reflexión, incluso hemos convertido la rabia en razón de solidaridad pura y dura entre nosotros, y en ganas de currar para ponerlo todos patas p´arriba, tal cual han hecho, antes los demás.
Una nueva juventud en la edad madura. No está nada mal. No lo estaría si no fuera porque ahora ves a tus hijos (yo veo a la mía) yendo de los exámenes finales a los trabajos y de los trabajos a las asambleas de la Plaça Catalunya y les oyes hablar (la oigo) y a veces me anticipo y le digo, vale, muy bien ¿Pero quién le pondrá cascabel al gato? ¿Y qué tipo de cascabel habrá que ponerle? Entonces, ella, la mía, me dice; "oye, no me ralles, que llevamos cuatro días y ya estamos estableciendo comisiones y el modo de participación está abierto y bla bla bla".
Callo y me imagino yo misma a su edad, pegando botes por esos mundos de dios y diciendo "No hay futuro". Los primeros descreídos y la repetición histérica de la que hablaba san froid.
Hoy día, los que no ven futuro, sin retórica ni estética que los ampare, son ellos. Nosotros simplemente lo negábamos y las drogas y el sida concluyeron en la literalidad del discurso.
Bregados en mil batallas, indignados, todo lo que se está gestando también nos sirve para vernos las caras, aunque tampoco era preciso pasar por este trago para leer o escuchar a fulano o a zutano y decir, vale, ya me lo temía. No sabemos en que acabará todo eso, ni si acabará bien ni si acabará en punta, ni si será el comienzo de algo positivo. A los jóvenes que están metidos en el meollo no les gusta oír hablar en estos términos: "Dadnos la confianza o callaros para siempre. Este análisis ya lo hacemos nosotros. La ingenuidad fue vuestra. Aquí no habrá repetición histérica. No tenemos tiempo para ellas."
Entre una cosa y la otra, estos últimos cuatro días ( sólo son cuatro días, como los gatos cuando son pocos) la cabeza me va a mil por hora, como las cacerolas a las diez de la noche, de modo que llega un momento en que ya no doy más de mí y pillo el libro que estoy leyendo ( un cuento tan bello como siniestro el último de Sarah Waters, "El ocupante") y me espatarro en el sofá mientras la perra juega con una pelota del Barça deshinchada. En la placidez de la noche, con los platos lavados y entre bostezos, cuando todo indica que hay que irse a la cama, oigo como se abre la puerta de casa y entra ella, "mi" Júlia, con el vendaval de sus veintiún años y me pregunta donde narices se me ocurrió guardar el saco de dormir. Cómo no lo alcanza y tenemos que improvisar un espectáculo de "castellers", me despejo y escribo esta entrada en el blog a modo de carta para no sentirme tan autorreferencial, con la excusa de que se que ahora sí, que ahora vosotros y todos los demás (tantísimos) estáis ahí. Y no sabéis que alegría que me da.


Lobito Bueno


El modo con que la vida te devuelve las canciones contrapone los sentimientos, los engarza, los desune, los abraza y te pegan patadas en el culo.
Hoy me refiero a una canción en concreto, aquella de Paco Ibáñez hizo a través de un poema de Goytisolo, la del Lobito Bueno y que pasó por mi adolescencia en boca del Pep, un amigo que la cantaba mucho y yo siempre pensé que era por qué él se identificaba con el príncipe bueno que nombraba la canción y hasta muchas veces, con el mismo mundo al revés, del que también hablaba la canción.
Un mundo al revés plácido, no cómo el que hay ahora, que el chaval acompañaba con su físico de Mastroianni efebo y un rizo rebelde que le ocultaba la sien y le protegía la chaveta. Creo que fue el amparo de la sombra del rizo, que el bueno del Pep pasó de puntillas y con muy buen criterio sobre el babel de unos tiempos en que todos nos creímos dioses despechados del Olimpo.
Recuperé la canción cómo canción de cuna para la niña. Con el Lobito Bueno, el Rossinyol, Âguila Negra, el Duerme Negrito, la Bien Paga y hasta el Broken English, me monté un hit parade, que no debía distar mucho de los hit parades de nanas caseras de madres de una generación concreta que no sabíamos cantar.
Hoy la canción me vuelve a asombrar en un vídeo documental que se presentó hace un par de fines de semana en el Festival de Cine Anarquista de Barcelona que tuvo lugar en el Antic Teatre, y al que, por supuesto, no acudí por qué no supe de él, y al que, de buen seguro, no habría ido ni en caso de saberlo.
El documental en cuestión, -que si vi por Internet y a sugerencia de la niña crecida, de la adulta primeriza-, lleva el nombre de “29S Encenent la ràbia” (29S Encendiendo la rabia) y es un documento sobre el día de la última huelga general en Barcelona, que comienza a primera hora del día y termina con la noche oscura. La banda sonora es de lo más ecléctico; desde grupos hip-hop a cantautores actuales. Y de Ovidi Montllor a Paco Ibañez.
A mitad de la canción del Lobito Bueno,- cuando Ibáñez, Goytisolo, mi Pep y tantas otras voces que no se oyenen el vídeo, pero que cantan ahí, desgarrándose sobre el soñado mundo al revés-, vi en el video a mi hija. Estaba de espaldas y acompañada de su compañero. En mitad del follón, en el centro del meollo, en el mismo centro de la rabia que se enciende y a mí (referencial y muy pequeñita) me dio un vuelco el corazón.
Uno sueña para sus hijos y los de los demás un mundo al revés cómo el que soñó Goytisolo; y al verla ahí metida, junto a tantos otros; antes de llenarme de orgullo, muchísimo antes, pero que mucho antes, pero mucho, me hizo sentir infeliz.
La canción había avanzado un largo trecho en el tiempo, pero no había avanzado un ápice en la realización del sueño que propone. Y antes de inclinar la balanza hacia la culpa, la responsabilidad, o cómo narices quieran llamar al sentimiento de impotencia que se iba a instalar en mí, me dije,” Va, yo también saldré a la calle con ellos”.
Mañana tienen fijado un encuentro. En Barcelona es en la Plaza Universidad, a las siete de la tarde.
Mientras tenga piernas y tenga sueños y haya lobitos buenos y lobos feroces, hay que salir a la calle, extender las nanas hasta todas la cunas, hasta todos los catres y todas la camas y las vigilias de toda la gente y de todas las edades que compartimos un mismo sueño, una misma ilusión de dignidad.
Así que iré, a buen recaudo por qué no puedo correr cómo un bólido, pero con la esperanza de poder pillar la escoba de la bruja y salir zumbando por los cielos. Con la escoba de una bruja hermosa, con el recuerdo del príncipe bueno y gritando cómo sólo sabemos hacerlo los corderos fieros.



Blog-eo

Bueno, vale, admito que he pasado una semanita bloqueada y que ayer noche, después de cenar, me senté ante el ordenador para transcribir lo que había escrito en la libreta a lo largo de la semana y todo me pareció tan evidente, que en lugar de leer, sentí cómo que me iban a pegar una bofetada. Tenía un par de cosas escritas en catalán con cierta gracia. Intenté traducirlas, cómo siempre hago, y la perdieron. A partir de ahora voy a publicar en bilingüe. A ver si encuentro alguna alma amiga caritativa y entusiasta que lo quiera traducir sin que pierda fuelle. Del castellano al catalán no voy a traducir. La cuestión es que me cansé enseguida. Los temas escritos en el libretón eran: El enemigo mediático y malicioso de Javier Cercas, la polución, la celeridad y la asertividad que el ritmo del tiempo actual impone para los asuntos de adentro hacia adentro y lo que lo celebraría si no fuera porqué sería cómo celebrar lo incelebrable. También había una reflexión acerca del libro de Loquillo; Barcelona Ciudad, que he disfrutado mucho leyendo, así cómo la descripción del encuentro con un hombre al que no veía desde hace muchos años y lo bueno que resultó, a pesar que durante mucho tiempo, pensé que si me lo encontraba, le cantaría las cuarenta. Un poema del tipo bayeta de cocina sobre cómo asoma el cabezón la realidad subterránea que se produce en paralelo a la realidad, realidad, y un lío sintáctico estético sobre cómo, al dejar de pensar en alguien, aunque el alguien esté en Tombuctú, se entera, y las cosas empiezan a fluir distinto, mucho mejor.
Todo un buen surtido de buenas intenciones. Apagué el ordenador y le dije a mi hija y al hombre tema tabú que me ha impuesto la moza, que me iba a dormir. Júlia me espetó: "¿Tan pronto?" Le respondí que estaba cansada y recibí cuatro besos de buenas noches. Los suyos y los del tema tabú. Mientras trajinaba entre el baño y la habitación, a pesar de mi sordera ( por cierto, el otorrino me emplaza a operarme de nuevo, pero ¿cuando chaval, cuando?) oí cómo los dos jóvenes hablaban y la peque grande le decía al tabú: "Lo que le pasa es que está bloqueada. Le ocurre todos los años unos días antes de su aniversario y desde que murió Carles. Sólo pasaron diez días entre una cosa y la otra y se pega un lío que la paraliza."
No sé porque me educaron y eduqué tratando de buscar una explicación a todo. Hay cosas que no la tienen. O si la tienen no la puedes abarcar, No somos dioses. Sobre este punto también recibí y dí educación. Aún así, el roneo de la frase de la niña me ha ido perforando a lo largo de la noche, en la que he tenido un sueño de alto contenido sensual con dos desconocidos. Rara que es la mente.
He amanecido convencida que la niña llevaba razón, me he desbloqueado un poquito y me he puesto a escribir este post sin pudor ninguno. Siento que si digo una cosa también puedo decir la otra, pero no del rollo acné vómito, si no intentando comprender. A medida que se me despeja el coco del rollo narcozitante de la pena, la alegría y el paso del tiempo, recuerdo un chiste muy gracioso que me contaron hace unos días. Interrogan a un tipo en una comisaría: "¿Puede decirme el día de su aniversario?". El tipo responde: "El dos de Diciembre". El policía sigue: ¨"¿De que año?" Y el otro borda la respuesta: "De cada año."
Pues eso. La comprensión la trae el chiste. De cada año. El chiste malo, es que desde el año de las pistolas en el hemiciclo, tengo que aguantar frases del tipo: "No si ya se te nota que naciste el mismo día del golpe de Estado." El golpe de estado, a suerte nuestra, no es cada año. Ni la muerte del amigo, acaecida diez días antes de mi aniversario de todos los años de aquél maldito año. Feliz fin de semana.

Conocidos

(Esta entrada la escribí hace ya una semana o mas, de modo que los "hoyes" y los "ayeres" que trajiné, no se adecúan a los del calendario)




Estos días, en la Barcelona que habito, además del fumar, del trabajar, del prohibir y de las cosas de siempre, se oye hablar de Ferran Mascarell ( El nuevo Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya, que ha accedido al puesto en un gobierno de CIU, después de dejar el PSC) aunque hoy mismo, el Mascarell, habrá sido desbancado de las conversaciones de café, -en la Barcelona que habito y en Catalunya entera-, por Felip Puig ( el Conseller de Interior, nacido y criado en CIU) que nada mas pisar poder, se ha cargado el Departamento de Violencia de Género. Ellos son así. Ya se lo adelantó Mas a Herrera, de Iniciativa per Catalunya: "En cuanto llegue a la presidencia, me voy a cargar, una por una, todas las políticas sociales que usted y los suyos han tirado adelante."

Transcribo de memoria y de la memoria, porque lo oí en la tele, en un debate pre-electoral y no tuve el reflejo de grabarlo, aunque mi mundo entero se inundó de un sentimiento agrio que no me es desconocido; hijo del atavismo crepuscular pleistocénico del senyor Esteve, que según que estevets/etas necesitan para ser, afirmándose ( y tambaleándose) en la duda interna que les suscita ver cómo los currantes, los xarnegos, los de la rauxa y los de la periferia, son capaces de avanzar a pesar de todo.

Este tema daría para otra entrada.

Es lo que tiene mentar a los políticos; "del cielo te caen los clavos" y te distraen la intención. En cualquier caso, no me he ido muy lejos de lo que quería contar.

Hace unos días, en una reunión informal de entre fiestas navideñas, donde había peña del "mundillo" musical, del literario, de la costura y de la postura, dije, a raíz de una charla abierta, que me caía bien ( em cau bé el Mascarell) Ferran Mascarell y casi me tiran al fuego. No todos, pero mas de uno hizo el amago. El mas atrevido, fue un tipo con el que nunca he compartido mesa, que acercándose a mi, casi susurrándome al oído, me espetó; -agravando la voz, casi entristeciéndola: "Cuando dices estas cosas, no te reconozco".

La respuesta iba implícita en su propia afirmación. No me reconocía porque no me conoce. La obviedad le sulfuró aun mas.

Ver que de repente y por una mera opinión, pasas a ser tan importante para alguien a quién por la calle saludas con un golpe de cabeza al aire, no deja de ser toda una sorpresa. Una prepotencia muy grande la suya.

Aún así, calmé sus ansias y le aseguré que no es ni será por mí por quién Núria Feliu ya está haciendo vudú con pinzas de tender la ropa.

Es bonito saber leer entre líneas, pero debe ser muy cansino estar todo el rato buscando patas al gato: "Que no, Magda, que no te reconozco diciendo esto", siguió diciendo.

Parecía que el tipo quería que le clavara una tachuela de la chupa de cuero que guardo en el armario, pero no estaba para saciar "autenticidades" que ni me creo ni me importan.

"No te reconozco." Una aseveración para el inmovilismo mas atroz.

De vuelta a casa, iba pensando a quién y en qué ocasión le podría largar yo una frase cómo la que había encajado. A alguien de mi máxima confianza, no; por qué, por poco que estés atenta a quién tienes alrededor, siempre te sorprenden. Anular la capacidad de sorpresa hacia los demás es una falta de respeto, cuando no un prejuicio, que es la misma forma de reduccionismo de almas ajenas y propias.

Sólo se me ocurría poder lanzar un peso tan grande en casos de alto contenido dramático.

Invento: Al encontrarme a un amigo en plena calle sosteniendo un cuchillo ensangrentado y rodeado de policías. "Tío, tan manchado de rojo no te reconozco". "Me cuesta reconocerte en esta situación." "Por cierto ¿Te cae bien Mascarell?"

Dándole vueltas a la maldita frase; -el camino era largo y lo hice andando-, llegué a darme de bruces con la formulación contraria de la misma, igual de anormal y no por ello menos frecuente: "No te conozco" ( dicho a alguien con quién te relacionas) o lo que es lo mismo: "Te conozco mucho", dos conclusiones que desembocan en el mar de la impotencia: "Eres así y no hay nada qué hacer."

Estas máximas se dan mucho en el apareamiento humano y no sólo en el erótico. Se dan en las relaciones que no avanzan, ni se van a enredar cómo la hiedra en el muro ( grandiosa María Elena Walsh) y llenan las canciones, los poemas de amor, de desamor, de vecindad, de odio, de traición, de "ya no seré tu amiga, cara de papilla" y de descontento hacia el otro en general.

Así que puse la llave en el cerrojo, sonó el móvil y cómo no me gusta hacer estas dos cosas a la vez; ya que es el momento que espera la perra para salir a la calle ("con el bolso de piel marrón" de las caninas que huelen macho) cogí el móvil.

En el mismo momento en que estaba diciendo: "Llámame en dos minutos", se abrió la puerta del piso por dentro, se oyó un pequeño grito, un par de ladridos y la maldita frase: "Quin susto, no et coneixia."

Era mi hija que iba a pasear a la perra. Júlia llevaba puesta una chaqueta de cuero con tachuelas.

Le dije: Cuidado, no se las claves a nadie".

Me respondió: "Nunca se sabe, en la noche hay mucho desconocido."






Bajar las escaleras como locos








Ayer vinieron a casa mi hija y su hermano e hijo mio putativo adoptivo. Ya tienen veintiún añazos!, pero como hacía tiempo que no les veía juntos, escribí lo que sigue, mientras dejaba de hacer una de las tareas domésticas que mas odio del mundo: planchar.



Siguen bajando las escaleras como locos; sienten que les esperan muchas cosas.
Hace años que el jardín se quedó corto, con los perros, los jabalíes y sus cabañas.
Al fondo, Barcelona diminuta parecía un poster hecho a medida en que perderse a pensar antes del sueño.
Ya no fingen el dolor ni la caída. Ahora piden el abrazo como adultos. No se andan con chiquitas: Desparpajo.
La delicadeza es un traje hecho a medida, que cosen entre el amor y los paisajes. Que no vuelvan nunca las oscuras golondrinas.
Ella sigue pareciendo una filósofa del biberón muy responsable y él un delincuente de azúcar con discurso y despistado ¿Quién forjará las formas tan temprano? ¿Quién ha roto el cristal con la pelota.
"No diremos ni mú: Muerte al chivato." "Y si me meo, mamá, no te me enfades, piensa que es Fanta que se me ha vertido encima."
Siguen bajando las escaleras como locos y no es por llegar tarde a ningún sitio.
Tanta prisa denota que a los niños, no se les deja. Ni se debe dejarlos así, tan fácilmente.
Compartieron todo, "el gomito" , el cole y las literas. A ver quién es el chulo que se atreve a poner en entredicho estos lazos.
Caín y Abel dejaron su legado.
Verles juntos me da vida y me da risa. Por cada noche de tos achucharía aquellos mofletes,-piel de ángel sonrosados-, que hoy dan a besar a otras bocas.
Morder ya no es saciar el hambre de la tripa.
Pero siguen bajando las escaleras como locos. En la calle abren los brazos como astas de molino y se agarran muy fuerte por el monstruo.
Otras veces se desploman como viejos. Los dos, cada uno con la mano en la barbilla, como cuando urdían con qué poder joder a los vecinos.
A los pájaros sólo se les puede desear un alto vuelo. Que su afán de libertad de un soplo a la utopía. Imposible si o no. Y necesaria, como lo fue caer rendidos cada noche y acostarse con un eclipse de leche en la barbilla.



(La rima es burda, pero me contiene de no escribir tomos enciclopédicos y perderme en los detalles. Rizar el rizo.)

Metedura de pata

                                                                         Dibujo de Francesc Xifré


A ver como voy a resolver esto. Vengo de meter la pata sin mas opción que contarlo en este blog, en la libreta de las dudas o esperar que llegue otro día en el que poder hablar ante quién he metido la pata y sacar a relucir el tema, so pena de quedar como una doble idiota. Quedar como la que he quedado, mas el ego pringoso rechonchón qué feo eres, caray.
Hay cosas que no tienen vuelta atrás porqué si las trajinas mucho se van de madre, del mismo modo que se van de madre en si mismas. Hablo de las divinas pequeñeces del dar y el tomar en las relaciones humanas adultas, de las torpezas que tienen lugar ( al menos en mi caso) al principio de estas relaciones, antes de quedar  inaugurada la confianza absoluta, justo cuando se empieza a trazar el camino con las justas precauciones y el gracias a la vida que te he encontrado. 
Tampoco hablo de amor, porque el tema sería otro. Hablo de amistad. 
Mira que soy críptica con lo transparente que me supongo y me miento. Aguas cristalinas donde no paran de sorprenderme los salmones y las truchas que salen disparadas ayudadas por la fuerza de cañones por banda.
Voy a buscar un símil alimenticio para bien contarlo. Luego, acepto enmiendas. 
Suponed que A invita a B ( esta soy yo, mas que nada porque B rima con Bonet) a una mariscada.  
A la B ( como algunos sabéis y otros no, pero ahí queda dicho) le chiflan las mariscadas, pero en lugar de decir:" OK, A, Viva tu generosidad y vamos p´al restaurante", yo, B, me quedé en stand by, ya fuera por idiota o por no creer merecerlo que es mas de lo mismo y sólo acepté lo subliminal de la invitación de A: "Me falta fósforo. Una noche de esas amanezco en Mercabarna y me compro dos kilos de marisco bien apretaditos, con  los que haré cápsulas para tomar durante un mes." 
Hoy he quedado con B, y hemos concretado algunos asuntos que llevamos entre manos. Se trata de una concreción que se va creando tácitamente. Es genial el juego de este entendimiento y esta relación madura entre adultos, menos la metedura de pata, claro. 
En un momento dado, con un tonillo entusiasta y seguramente obscenillo, le he dicho a A: "Mañana me voy a Mercabarna a comprar mariscos".  "Cuidado que no te los den pasados", ha respondido A. Luego me he ido hacia a casa pensando cuál era el  motivo de mi acción a propulsión. He pensado en la vanidad y en cosas mal entendidas. Como venimos de la huelga,  he extrapolado lo mio a lo social. Lo que está claro es que para dar y recibir uno debe estar bien y el otro también. El pueblo no está bien. El Gobierno está mejor.
Agotada de pensar en mí con un toque megalomano ( la cagas en una burrada y por poco que te mires y te mires acabas incendiándo Roma)  he abierto la puerta de casa y ahí me esperaba mi hija, quién me ha puesto al día de lo ocurrido ayer tarde noche en Plaça Catalunya y adyacentes. Ella es pacifista y no rompe contenedores, pero resulta que la policía aprovechó a los chavales sentado con las manos alzadas para abrirse camino al Banco okupado.  A hostias, claro. Todo es muy frágil y muy fuerte y de todo se aprende. Veremos cómo saldrá mi hija de su júbilo de justicia social. El ejemplo directo no es formidable, pero ella es sanota: Para empezar, no lee este blog.

Muy personal: Felicidad para Júlia

Hoy, día dos de Julio, a las diez y diez de la mañana, se ha cumplido el veintiún aniversario del nacimiento de la Júlia, mi hija. Y ¿que queréis que os diga? Que para escribirlo tengo blog. La folclórica que hay en mi se ha levantado esta mañana muy emocionada, dando manotazos a la prudentísima que también hay en mí y sólo saben ver los muy sagaces.

Me he dejado vencer por el orgullo de ser madre ( como grandiosa parte de la humanidad) en un mundo en retroceso, en un enclave ( a pesar de toute) privilegiado y de una chica lista que se sabe sacar las castañas del fuego.

Hasta los diecinueve años, le hacía regalos de corta y pega; albumenes y cosas muy personales (con materias primas de gran calidad de aquella papelería que tanto nos gusta a las dos y se halla al inicio de la Calle Condal entrando por Laietana, de la que ahora no consigo recordar el nombre) pero el año pasado ya no pude.

No tenía tanta información sobre su vida como para hacerlo.

A diferencia de otra gente de su edad a la que quiero mucho y con quienes hablo de casi todo, con Júlia ( que no es mi amiga) hablo mucho, la quiero incondicionalmente, pero hay muchas cosas que no se de ella ni ella sabe de mí, ni falta que hace. Un pudor y unos límites necesarios.

Lo que mas me llena de orgullo en su veintiún aniversario, es que ya sea capaz de crecer, amar, estudiar, trabajar y vivir sin necesitarme ( muchas veces ni a mi ni a nadie) a su lado. Hablo de una necesidad funcional. Lo emocional es otro tema.

También me agradan montón los momentos de unión y complicidad en los que nos basta sentirnos cerca para saber que piensa la una o la otra, pero lo que mas celebro es su libertad ( en la medida de lo humano en este inhumano mundo) que haga todo lo posible para emanciparse por completo y para vivir su vida sin cargar con mi muermo. El amor y la incondicionalidad, no sólo me los supone, si no que los ha tocado.

Al revés es distinto. Yo tengo su amor y lo tendré mientas viva y hasta después, pero sería muy perverso por mi parte, exigirle incondicionalidad por encima de todo. Esta historia de madres e hijas y de hijos y padres es así desde el principio de los tiempos.

Pero, ay; no soy la madre perfecta. No hace falta. Como tampoco hace falta que ella sea la hija perfecta; que no lo es.

Desde muy niña lo tuvo claro. Le gustaban los zapatos de charol y maquearse como una mona.

No debía tener mas de cinco o seis años cuando me dijo: "¿No pots tenir un amic "normal", un que no sigui "col.lega"...? Siento airearlo, pero me lo dijo después de haber visto una actuación de Albert Plà en la que terminé hablando con Gerard Quintana.

Meses después, en un vuelo del Puente Aéreo, me confesó que le gustaban: "Aquets homes que van tant ben pentinats i parlen per teléfon". A mí me dió un vahído muy grande que sobrepasé como bien pude.

El tiempo ha ido pasando y desde hace años tiene un novio con pinta de "colega", que no de ejecutivo. Un chaval del que me tiene prohibido hablar en este blog; sensible, amable, honesto, simpático y con un discurso demoledor, -por escéptico y totalitario-, del mundo en que vivimos.

El misterio de la vida es muy grande. Y lo de hacer niños y que crezcan y lleguen a opinar y a vivir por su cuenta y riesgo, para mi, es como lo del teléfono. Ya me lo pueden contar, que nunca lo entenderé. Por no hablar del lugar donde descansan los blogs cuando nadie los lee.

Hoy, en este post tan personal, felicito a Júlia por ser una gran mujer, aunque a veces también nos preguntemos ¿Si nos hubiéramos conocido con idéntica edad, tú crees que habríamos sido buenas amigas? Ella tiene claro que sí. Yo me mareo con las hipótesis. Lo único que sé, es que ella, mi hija, la Júlia, es, -de largo-, lo mejor que me ha pasado en esta vida. Brindo por ella.



EL HUEVO QUE ME VINO DE NUEVO ( A Portadora Abombada)



Esto que sigue lo he rescatado de la memoria de los tiempos. Lo escribí hace exactamente veintiún años mas un par de semanas , cuando estaba preñada de la Júlia. Y se lo dedico a mi amiga del féis, la Portadora Abombada, que está a punto de parir un César. He aquí uno de los inconvenientes del féis, que la gente dice sus cosas, te recuerdan a las tuyas y acabas por meterlas en el blog sin pudor alguno y encima dedicándolo....Ahí va...

Al huevo que me viene de nuevo



No sé si te gustará mas Rubén Dario que Elliot o preferirás la verdad prosaica; la ardilla en la rama y el payaso en el circo. Los hijos,-lo tengo comprobado y lo sabe medio mundo-, venís a contravenir a los padres, a enseñarnos nuevos formas de mirar las cosas, para que seamos menos memos y menos vanidosos. Otra cosa es el orgullo de sentirte entre mis pliegues, adonde sólo puede llegar el amor veloz y hacerse otro. Nadie, antes de ti, se posó aquí dentro y se enchufó al abrevadero: "Dame nueces, dame piñones y una guinda de nata en forma de pájaro." Ni nadie me creció como tu te creces; dispuesta a la vida, dispuesta al sur y dispuesta a despertarme extendiendo las piernas y las manos; al sentir, -quizás-, que el nido ya se te está quedado muy chiquito.

A nadie como tú he de querer tanto en esta vida.

A los animales les pasa lo mismo. Tienen hijitos tigres o hijitos lobos y los lamen hasta dejarlos lustrosos, la raya en medio y el moflete al aire.

A eso le llaman "orgullo de la especie", pero estas palabras dan asquito de caca adulta, porque las usan al revés y les sacan la ternura y el acierto de poder sentir lo mismo al tener mil niños mas, aunque no vengan de hurgar en los pliegues "barrigoncios."

Amor, mi niña, amor que no aprese, amor que he de aprender a amar. A ver si me ayudas a no confundir el camión con la razón y el caldo con el saldo, aunque sé que lo harás, no me cabe duda.

De momento, hago la colada y acaricio los jerseys con los que voy a arroparte. Son de un hilo muy fino, cómo de pliegue, aunque para alargar el confort basten las manos.

Tenías que nacer y escachararme en la verbena de san Juan, pero eres remolona y yo soy primeriza. Será que tengo que desplazar los huesos de la cadera un poco mas. Tú ves probando de juntar los hombros como si fueras pez, que es de donde vienes, pero eso te lo contaré mas tarde, no vayas a hacerte un lío con tanta información.

No voy a darte de mamar. Me dicen que soy frívola. Primero lo decidí por esto, por frívola; para mantener las tetas airosas. Todo vino porque hace años, mucho antes de venir tú, leí que la Dietrich decía que no quería tener hijos para mantener sus tetas primorosas, y desde entonces lo he venido pensando. Luego el médico me dio la excusa perfecta: "No lo hagas. Problemas con el calcio."

No quiero engañarte, mal andaríamos. La cosa fue así. Primero el uno y luego el dos. Mis colegas preñadas y las que ya lo han estado me miran con cara de "vamos a echarte de la congregación de madres del mundo". Dicen que la unión, con la teta y la leche, es total y protege de constipados. Yo no me puedo imaginar una unión más fuerte. !Si aún no se la cara que tienes y ya te daría la vida y hasta la teta si fuera tan, pero tan imprescindible!

Nos vamos a reír mucho. Yo inventaré canciones para tí: " Dos cucarachas sonrojadas se sonríen y enamoran. Cucu cucu cucaracho ¿cuál eres de los dos? Cucu Cu cu cucaracha, no te subas al sifón o voy y piso a tu novio como si fuera un bombón. Cucu Cucu, cucaracha, si no has de soltar la teta, suelta amor a mogollón."