!HASTA AQUI HEMOS LLEGADO!

La guerra sigue en Georgia. Hacía muchos días que no bajaba al bar del barrio, el Rumba o a la Rumba. Hay quien lo "dice" en femenino y quien en masculino. Yo siempre le he llamado el Rumba, para distinguirlo de la rumba, el género musical, y subrayar, con el artículo masculino, su condición de bar, que no de imposible"bara". Hacía muchos días que no estaba en la casa y no bajaba al Rumba. Hoy la noche era tranquila, sin tránsito de gente de una mesa a otra y con refrescos más que con alcohol, todo tenía un aire de acampada juvenil, donde se cuentan los amores rotos y se libera la risa por bobadas, fantasías de un muchacho bueno que va de malo y sueña con darle en el ojo a un polícia con un buen pedrusco de hachís. Bueno, no era exactamente esto lo que decía el muchacho, pero tampoco era de esto de lo que venía a hablar. Maxime, la madre de Nicolai y esposa de Nico (últimamente el nombre me persigue) me ha contado su relación con los libros. Extraña relación. Le pasa leyendo a los clásicos o a Eco, a Auster o a Proust ( al que acabo de sacar de su condición de clásico con este giro). Maxime lee con pasión, unos libros le gustan más y otros menos, pero siempre llega el momento de decir !Hasta aquí hemos llegado! y lo deja. Dice que siente que no tiene porque leer más. Se acabó lo que se daba. Ella misma pone el caso de una novela de Christie, ¿Como dejarla antes del final sin saber a ciencia cierta quién es el asesino? Una relación curiosa la de Maxime con la literatura, a la que le gustaría acabar un libro ¿porqué no? Me pregunto si esta forma de actuar la extrapola a otras esferas de la vida. Y debe ser que sí. Un caso de estas dimensiones debe tener campo donde abonarse. Uno de los grandes placeres de la lectura es el camino, y otro es la llegada, el desenlace. ¿Que pretende Maxime con su vehemente "!Hasta aquí hemos llegado! ¿Negarse un placer? ¿Sustituirlo con su propia imaginación?. No seguiré investigando sobre ello. Las cosas son como son, pero dan pistas sobre quién tenemos cerca. Los seres humanos siempre me sorprenden. El día que eso no ocurra, doy permiso por escrito a quien bien me quiere, que me pegue un tiro, o mejor, me pise como a una cucaracha, que es en lo que nos convertimos al no tener en cuenta a nuestros semejantes, o al tenerlos en cuenta solo para darles mal vivir. La guerra continua, muy cerca de aquí.

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