YO YO YO

De ombligo web


De pronto, zas!, de pronto te espabilas y zas!, aparece una idea con todo su esplendor. La idea está en ti, el caudal está en ti, sólo hay que ponerle horas y algún colega valedor. El colega o la colega es lo de menos y es lo de más, porque de otro modo estaría sola en la este mundo y no valdría la pena ni la idea ni el caudal; si no sólo las piernas para salir huyendo y las manos para acariciar a los lobos.
Estoy contenta. Me ha valido lo de la actitud positiva, el orden, no hablar de según que cosas y todo lo que reza el sentido común para no empozoñarse. Ahora lo digo de un tirón, pero no es tan fácil. No he tenido que asistir a ninguna terapia de risotadas, ni dibujarme otras líneas de la mano. Lo mejor, la compañía. Tres amigos, dos de ellas mujeres, que me han ido conduciendo como quién no quiere la cosa, pero no creáis que ha sido un rollo de vamos "a", si no que la auto confianza ha ido surgiendo poquito a poco y se ha ido enredando enredando, como en el muro la hiedra, que escribió Maria Elena Walsh.
Ya lo dije una vez, hace muchas entradas: No vine aquí para contar mis vanidades, pero todo se acaba resolviendo de un mismo modo: YO.YO.YO. Da asco la cosa de tanto YO, por mucho que si yo no estoy bien tu tampoco lo estarás conmigo, aunque es posible que yo sólo me sienta bien en según qué cosas y tú en según que otras, porque sentirse BIEN en este mundo de monas asesinas, mínimo, es una obscenidad, cuando no imposible. El bien al que aspiramos ciertos humanos es bien, bien, pero bien poco: Deshojar todo lo que nos chirría, sin miedo ninguno, asumiendo la responsabilidad; gozar del sol de la mañana entrando por la ventana, tomar un café caliente, tener una idea y verse el caudal. Buscar a un amigo valedor, desdeñar lo que nos hace mal, perdonar locuras ajenas y propias y tener ganas de que suene el teléfono y nos digan que el amigo sigue bien, que tiene ganas de verte, que voy corriendo, qué vas a ver que concierto vais a dar, tratando de no desfallecer hasta que él lo haga. No es luchar contra la muerte, si no luchar por la vida. La espada pendiendo encima suyo y al lado de todos los que le queremos.
No vine aquí a contar mis vanidades ni a desahogarme, pero lo hago. No da asco la confianza. Da asco el yo, sin ti.









1 comentario:

Samuel Parra dijo...

MUy bueno. Ahora te diré que entre dos amigos todo es común, todo es complicidad, pero me refiero a los amigos de verdad.
Un saludo.