Gabriel Sopeña, Maria Creuza, la necedad de un crítico musical y las maravillas del Facebook

A través del facebook he reencontrado amigos, he hecho algunos nuevos y he acabado por perder definitivamente a otros que lo fueron, con sólo pulsar con la puntita del dedo la casilla de "Ignorar".
La última gran alegría la he tenido al reencontrarme con Gabriel Sopeña ( músico, productor, letrista, poeta, maño, compositor, historiador, filólogo y yo qué se que mas...)
Gabriel , como he especificado en su breve currículo entre paréntesis es maño y vive en Zaragoza cuando no viaja.
Zaragoza y Barcelona no son dos ciudades muy alejadas entre sí. Zaragoza no es Austin, donde vive la Vivianne, a la que también reencontré por el facebook; amiga de juventud y hasta nunca acabar, así que no puedo entender que rompió la conexión entre ambos, si es que alguna vez ha estado rota.
A Gabriel Sopeña le conocí a través de Loquillo, con quién colabora desde hace muchos años, como compositor y amigo ( son como la noche y el día de una misma jornada, pero la noche y el día al fin y la misma jornada al cabo)
A Gabriel me une una honda y profunda amistad que no se ha nutrido del día a día. Dice él, que sabe contar, que hace diez años que no nos vemos. Para los verdaderos afectos, diez años es un plis, pero da coraje. Da coraje no haber seguido cultivando aquél gancho de alma que se produjo nada mas conocernos y se prodigó durante bastante tiempo en que trabajamos juntos. O no trabájabamos, pero nos veíamos.
Ahora me pregunto cuantas veces no le hubiera llamado, escrito e-mails o mandado paquetes para hacerle partícipe de mis cosas.
"La vida es extraña", eso lo dice Maruja Torres y lo dices tú, pero a mi me da la sensación ( de sentir) que es una frase de cuño y sello de la periodista y escritora del Raval, así que se la adjudico.
La vida es extraña y ahora que me he reencontrado con Gabriel, después de diez años, ya me diréis como nos ponemos al día.
El tipo es culto e incluso erudito y yo me lo pasaba pipa cuando me contaba historias de la historia, pero ante todo es poeta, muy caballero y muy contemporizador. Si había alguna producción discográfica "imposible" de realizar, había que llamar a Gabriel Sopeña. Nadie sabe como se lo montaba ( debe seguir siendo así y así le quiero) pero era capaz de bajar egos, subir aptitudes y bailar por encima de los cristales rotos sin magullarse, ni dejar de caminar con su porte altivo desmanejado ( es casi tan alto como el Loco)
De los mil marrones que le pasé, recuerdo especialmente uno; la producción de un nuevo disco de Maria Creuza. La brasileña había tenido su gran momento de gloria en aquél disco irrepetible e histórico; la Fusa, seguía cantando como una diosa, pero había emparentado con un marido hortera como las imitaciones de las porcelanas Lladró y los Papás Noeles que cuelgan de los balcones y había que desencasillarla. El marido, claro está, era músico y encima el productor de su esposa. El contrato discográfico con la brasileña ya estaba firmado, pero desde Brasil llegaban noticias: "Quier traer a sus músicos. Los músicos son estupendos, pero entre ellos está el marido". En mi papel de A&R me tocó hablar con la Creuza allende los mares. Es una mujer muy cálida, afectuosa y razonable, pero yo no soy diplomática, así que se la mujer, me dio la espalda cuando le menté a su hombre: "Te va a producir Gavbriel Sopeña. A tu marido no lo queremos ni ver. V ente tu solita con los músicos."
Cuando ya parecía imposible que se pudiera trabajar en buenas condiciones, sin el tipo mangoteando por el estudio, llamó Gabriel a la cantante. Engrosaron un poco el presupuesto destinado para la producción por las largas llamadas trans-oceánicas, mandándose letras, músicas, consensuado sones, etc.., pero el Lladró no vino, que era de lo que se trataba por el bien de todos.
En su lugar, llegó una Maria Creuza no tan diva como nos habían dicho, ni con unos músicos tan locazos como nos anticiparon. Creuza se mostró trabajadora y cercana y sus músicos (de quitarse el sombrero y no parar) igual de profesionales, salvo uno que se perdió dos días por el Casco antiguo y volvió la mar de contento.
Todo eso fue posible gracias a Gabriel. Nadie mas lo habría conseguido.
El resultado del periplo llevó por título "La mitad del mundo". Se trataba de un disco precioso con el que tuve una experiencia casi religiosa ( por lo que tuvo de conocimiento literal de las oraciones, no por otra cosa) ya que cuando hubo finalizado la grabación, invité a un crítico musical de mucha enjundia al estudio y se lo hice escuchar. Lo escuchó maravillado. Se echaba las manos a la cabeza: "Madre mía esta es la Creuza de sus inicios, madredelamorhermoso..."
No le comenté nada sobre la grabación, ni si se había realizado aquí u allá, sólo se lo quería hacer escuchar.
Cuando el disco salió, con los créditos bien impresos, donde destacaba la producción de Gabriel Sopeña, el crítico hizo una crítica de "madredelamorhermoso que bonito sería el disco de la Creuza si no lo hubiera producido un lugareño."
"Mira que eres ignorante y necio" le dije un día al crítico en la entrada del Palau de la Música, bien alto para que se oyera bien. El hombre nunca volvió a criticar ni un disco en el que yo tuviera algo que ver.
Así se escribe una parte de la historia musical de éste país. Quizás Gabriel no se merecía éste recuerdo en el blog ahora que ha reaparecido, aunque el episodio no deja de ser un panegírico dedicado al poeta, compositor, maño, historiador, filólogo, contemporizador y tantas otras cosas que iré sabiendo a medida que nos pongamos al día, diez años después de no vernos. Espero y hasta afirmo que la relación será tan fructífera como lo fue en su día. El maño no sabe estarse quieto y crea de continuo. Esta es su mayor ventura. Y la de sus amigos.



4 comentarios:

Javier Astasio dijo...

Los críticos, con que no fueran "sobre cogedores", los que lo son, ya serían mejores. Pero, es cierto, parece que si no dan una "patadita" al objeto de su crítica (discos, libros, películas) parece como si se sintiesen desnudos.Con lo feliz que soy yo cuando encuentro algo que me gusta y puedo compartirlo.

Viviane Vives dijo...

o sydney... joder....

Antonio Pérez Morte dijo...

Me encantan los lugareños sensibles, inteligentes, cultos y cercanos, más que algunos endiosados críticos musicales que rozan las nubes! Un beso gordo! Gracias por no ignorarme!

EL CALLEJON DEL HAMBRE dijo...

Yo quiero ser siempre lugareño. POr cierto que bonita palabra