Animales sueltos



No me estoy quieta. Escribo, salgo, entro, escribo, y vuelvo al blog, que decidí mantener en tregua. Me va bien tomar como excusa el tema del buey y la mula que el papa de roma nos niega. Esta gente ociosa, siempre inventando chistes para arrancarnos una sonrisa. En mitad de los desahucios, en todo el jeto de Artur Mas, a saco contra los bajos de Pedro J. Ramírez, encima de los himnos de Sabina, para sacarle un pesar a la Rahola y porque le sale de debajo la sotana, no hay buey ni mula. Se acabó.
No es por fardar, pero hace unos años, después de visitar Belén, al volver a casa, lo dije a mi familia. Ahí donde dicen que nació jesusnostrosenyor no cabe bestia ninguna. Concluí que la virgen y san josé debían ser muy bajitos a juzgar por la cueva, pero no hice un estudio sobre el tema. La cosa se quedó ahí, encima de la mesa, junto a una rama de olivo que le compré a un chaval árabe y no debía ser del monte ídem, pero la vecina me bendijo por ello. Una bendición vecinal, mucho más cuando el registro vital es muy distante, vale más que una bendición global, de esas que da el papa, toque a quién le toque.
Más tarde, pensé que a la mula y al buey los había metido a presión, encajándolos, Carod Rovira, cuando lo de las fotos de risa entre amigotes ociosos. Pensé en él por compatriota y porque ya se le veía una predominancia a cargar hacia la derecha, lo cual siempre habla de una fuerza extraordinaria para conseguir meter las cosas a presión, una facultad que no poseen los buenistas de siempre, demasiado ocupados en poner gasas frías sobre el entumecimiento de los recortes y la bolsa del pan. Un día seremos malvados y arremeteremos al lado de todos los bueyes y todas las mulas, que se pondrán de nuestra parte, discriminadas después de dejarse moldear por artesanos sensibles y chinos a piñón.
Este año haré un pesebre sólo de mulas y bueyes. Recogeré los que tiren y les protegeré del frío sobre musgo tierno. Los que no quepan en casa los llevaré a la sede de la CUP. Aquí cabemos todos, aunque Artur Mas debería hacérselo mirar, aunque solo fuera por dignidad. Dejar el gesto desafiante del vencido que no quiere serlo, dejar el buey y pasárselo a otro. Que gobierne Junqueras (una o, una u) que se apellida igual que el primer profesor del que estuve perdidamente enamorada. Curiosamente mi profesor se llamaba Artur, Artur Junqueras. Si fuera del ombligo gordo, diría que a través de mi vida se puede conocer la historia del mundo mundial. La de Cataluña al menos. Pero no voy de este palo. El palo que me gusta es el que canta Paula Domínguez, una chavala malagueña que es un prodigio de voz y un cruce de muchos estilos.
Se ha inventado un rollo muy bonito que no es un chiste, como lo de dejar espacio en los belenes, en la infancia, mientras aquí en la tierra van crucificando a la peña en plena madurez y con los callos por montera.
Lo bueno de escribir a bocajarro es que siempre vuelves a lo tuyo. Yo, a la música. Mi música tiene mula y tiene buey y tiene hipopótamo, pero en ella no se caga nadie, salvo un pastor previsor que se cargó de ciruelas secas, por si se le inflaba el vientre con el viaje y el cambio de aguas. Odio la manía de poner caganers con cara de político en los pesebres. O de directores de periódicos y papas de roma.
No sé cuánto tiempo podré aguantar encerrada escribiendo una historia del rock and roll para una editorial que no paga adelanto. Suerte tengo del blog, para no liarme y cargar contra Lemmy lo que he de cargar contra otros. Y suerte tengo de los chistes de los ociosos y la momentánea alegría que obtuve el domingo al constatar que no somos un país de tontos, como el mesías de la tabla redonda nos quería hacer creer. Mi alegría no es la misma que la del capo del director del rotativo. La mía se asemeja más a la del buey y la mula huyendo a saltos después de tantos años de sacrificio. Ahora solo falta darle un subidón a la bolsa del pan, escuchando a la Domínguez.

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